lunes 9 de febrero de 2026
HÉCTOR FERNANDO CATIVA, ex jugador de obreros si

Caballero del fútbol y un señor en la vida

Por Redacción El Ancasti

Quienes peinamos canas y hemos vivido años aferrados a una pasión llamada fútbol, y hoy, mal que nos pese, debemos conformarnos con haber participado en ese brillante pasado y aceptar este pálido presente que tan solo nos lleva al fracaso, salvo una que otra satisfacción, que bajo ningún punto de vista pueda borrar lo poco y nada que se hace de un tiempo a esta parte.

Hablamos de un pasado brillante y nos encontramos con uno de sus protagonistas, son miles en realidad, pero Héctor Cativa, "Carozo" como lo llamaba la popular, es un ejemplo de todos ellos. Nacido en San Isidro un 20 de septiembre de 1963, teniendo como padres a don Vejo Cativa y Rosa Medina, tuvo una vida propia de aquellos años, es decir humildad y sacrificio junto a sus tres hermanas, Mónica, Noemí y Zuli. La de trapo fue su amiga incondicional con la que se encontraba en cualquier potrero aun cuando a su padre no le gustaba mucho.

Desde su cuna fanático de Obreros de San Isidro, a los 14 años ya se mezcló en la primera y ahí comenzó una historia que solo sabe de agradecer por la llegada de un verdadero crack con el rótulo de caballero, aunque le faltaba algo para ayudar a la familia, un trabajo seguro, ese que llegó a los 20 años. Antes de ello charlamos largo rato con "Carozo", recordamos esa riqueza a la que hacía mención del pasado y nos decía que antes daba gusto jugar, porque existían clásicos con un sabor diferente, con hinchadas que llenaban la cancha, que te motivaban de una forma especial y hoy todo ha cambiado, el fútbol perdió su identidad, muchos se preguntan ¿qué pasó? Para mi modesto entender el cambio llegó cuando se mezcló la política con el fútbol, desaparecieron los potreros, los dirigentes, todo cambió por el dinero, aparecieron las escuelas que solo funcionan con fines de lucro y ahí es el Gobierno el que tiene que intervenir ubicando verdaderas escuelas, que tengan médicos, psicólogos, dietistas, para formar, antes que un jugador, un ser humano sano en lo físico y mentalmente hablando.

La charla fue extensa con este azulgrana de alma, teniendo en cuenta a Obreros y San Lorenzo de Almagro, un enamorado de los pibes con los que trabaja en Los Sureños como antes los hacía con chicos del Hogar Tutelar, donde trabajó doce años, un agradecido de la vida que le brindó la oportunidad de conseguir una compañera ideal e incondicional como Teresa Paredes, de tener un amigo como Osvaldo Wala (Chimango) y jugar con grandes de verdad, como el mejor delantero que le tocó enfrentar, el gran Patrón Barrera, el Mataco Vildoza, Manuel Caballero y su ídolo Juan Carlos Salcedo.


Argentino Argañaraz

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