Análisis

Lectura virtual en tiempos de cuarentena

Por Karina Tapia y Milagros Herrera (*)
lunes, 20 de abril de 2020 · 09:17

Para sortear el aquietamiento y la falta de contacto social que nos impuso inesperadamente la circulación mundial del virus COVID 19 y con el propósito de generar un espacio de mutuo acompañamiento frente a esta situación, días atrás el Departamento Letras de la Facultad de Humanidades, UNCA, realizó una actividad de lectura colectiva en facebook, titulada “Lectura virtual en tiempos de cuarentena”. La propuesta se canalizó a través de la página del departamento en esa red social y consistió en la lectura grabada -por medio de un video- de un fragmento literario elegido por cada participante. 

La actividad surgió al interior de cátedras del Área Literatura que funciona como parte de la formación integral de los futuros Docentes y Licenciados en Letras. Y se visibilizó a través de treinta y cinco intervenciones cuyos primeros actores fueron los jóvenes estudiantes, seguidos por docentes que conforman las distintas áreas del departamento, y se cerró con las presentaciones de egresados de dichas carreras. Asimismo, también se sintieron motivados a participar espontáneamente amigos de facebook que se sumaron a la idea, a quienes agradecemos especialmente.

En esa oportunidad, la lectura literaria generó un espacio virtual de compañía recíproca en tiempos de “distanciamiento social preventivo y obligatorio” y los participantes nos reconocimos en una tarea que entendemos como imprescindible: el rescate cultural de la lectura de relatos, poemas, fragmentos teatrales y escrituras del yo –entre otras posibilidades- que generan identificación o contención como comunidad, máxime en situaciones inesperadas como las que transitamos. Es que, al decir de Jorge Larrosa (2013), la lectura literaria es un alimento para el alma, una medicina que trans-forma y con-forma; es un viaje que nos convierte en otra distinta u otro distinto; es una experiencia que modifica y refuerza la subjetividad. 

Por ello, creemos que al haber abierto este espacio de lectura donde confluyeron distintas generaciones, pensamientos plurales, elecciones diversas de textos y autores, donde la horizontalidad de los vínculos estuvo en juego, se construyó efectiva y significativamente la propuesta de solidaridad de Albert Camus en La peste (1947). En esta obra literaria, el metatexto filosófico propone que frente al absurdo de una plaga que deja a la intemperie la existencia humana, concurre una ética de la libertad y la responsabilidad desde la propia existencia hacia el otro que también existe, lo que nos hace trabajar por el bien común dejando de lado el individualismo.

Así, pensamos que leer en estos tiempos nos acerca y nos hace más humanos, nos pone en contacto con la existencia del otro y nos impulsa a actuar frente a una situación límite que nos enrostra la finitud y nos constriñe con los dilemas de qué hacer con el tiempo, qué hacer con el encierro y qué hacer con lo humano. Frente a esas conflictividades, elegimos esta acción -simple y compleja al mismo tiempo- de llegar al otro a través de la palabra literaria, con un inapelable compromiso con lo humano desde lo humano; y optamos por gastar el tiempo y pasar el encierro así: leyendo colectivamente, como sentados alrededor del fogón, invocando juntos la buenaventura. 

A esto sobreviene la pregunta sobre por qué pueden emanciparnos las palabras escritas creativamente. Simplemente porque tienen la capacidad de tocar en lo más profundo, para interpelarnos, para mostrarnos alternativas e incluso para evadirnos de la realidad. Porque esas palabras llevan impreso el sentimiento que hombres y mujeres experimentaron a lo largo de los siglos.

Porque encierran un mensaje artístico que nos envuelve y hace resonar aquello que nos constituye como humanos. Por todo ello, efectivamente, la palabra literaria permite afrontar los momentos difíciles con otra mirada. 

Al mismo tiempo, sabemos que ésta no es la única propuesta con las características expresadas más arriba. En todo caso, es parte de una corriente de circulación de múltiples manifestaciones artísticas que se ha instalado estos días de cuarentena en las redes sociales. 

En el arte de la palabra acompañan y agradecemos las lecturas colectivas promovidas por DIPBA Catamarca, los grupos literarios Letras Vivas -de Capital- y Tantanakuy -de Andalgalá-, la propuesta “Locas bajo Techo”, de Santa María, y “Poemas en el resguardo”, llegada desde Tucumán, entre otras. También conmueve la labor de músicos, cantantes, coreutas, pintores, bailarines, teatristas, realizadores cinematográficos y un largo etcétera -por no olvidar a ninguno-, que día a día comunican desde la virtualidad su quehacer artístico, y así, ayudan a sobrellevar con ánimo mejor predispuesto este momento de retención de toda acción que necesite sacarnos afuera del hogar. 

En definitiva, tal como dice la antropóloga cultural Michèle Petit (2015), el arte hace el mundo más habitable y más armónico con la propia identidad. Y eso está ocurriendo. La propuesta es ahora no dejar que una vez pasada la pandemia, esto se nos pierda o se nos quede en el olvido. 
    

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Karina Tapia. Profesora y Licenciada en Letras. Especialista en Ciencias Sociales con mención en lectura, escritura y educación. Docente Adjunta. Cátedras: Literatura Europea I y Literatura Europea II (Área Literatura), Profesorado y Licenciatura en Letras, Facultad de Humanidades, UNCA.

Milagros Herrera. Profesora en Letras. Especialista en Ciencias Sociales con mención en lectura, escritura y educación. Docente Adjunta. Cátedras: Introducción a la Literatura y Literatura Hispanoamericana II. Profesorado y Licenciatura en Letras de la Facultad de Humanidades, UNCA.
 

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