Por María del Rosario Andrada

Refugio de lectura

domingo, 4 de agosto de 2019 · 02:00

FRANCISCO MADARIAGA
– Obra Reunida- Contradegüellos II-
Ed. EDUNER -2da. Parte

Por la trascendencia de la obra, traducida al inglés, francés, alemán, portugués, italiano y sueco, volvemos con la reseña del 2do. tomo, ávidos por encontrar más colores en esta acuarela sacra bendecida por la exuberancia de la naturaleza y la imaginación de su autor.

El texto reúne los libros: País Garza Real, Aroma de Apariciones, En la Tierra de Nadie, Criollo del Universo. Contiene además, Notas-Dactilogramas, textos dispersos, pistas adicionales, poetas ensayando.

Francisco Madariaga convivió con gauchos, mulatas, peones, en una geografía exótica; palmerales, lagunas, jaguares, yacarés, garzas, chajaes, murciélagos, que conforman el sagrado territorio del Iberá, a los que se sumaron personajes fantásticos como la bruja, las ánimas, los aparecidos y, las luchas civiles de caudillos en la ensangrentada campaña bárbara. Madariaga quedó atrapado por ese mundo mágico, cabalgó los resplandores, a la sombra de un bosque, entre gritos lejanos de bandoleros y guerreros muertos e historias de degüellos, en la suave licorería del otoño, en la aparecida que antes de morir durmió en los brazos de una bruja. Galopó entre seres luminosos y desamparados, se hundió en la llamarada de naranjos silvestres, en el sueño de aquella pasionaria de ojos verdes mojada por la luna y por la sangre de sus labios.

Lo cautivó el surrealismo de Oliverio Girondo y Aldo Pellegrini, cultor de amigos como Alfredo Martínez Howard, Enrique Molina, Edgar Baley, Olga Orozco, Joaquín Giannuzzi, Julio Salgado, Víctor Redondo, Leonardo Martínez, Leopoldo Castilla y otros, cuyos nombres son los títulos de los poemas del libro “En la Tierra de Nadie”. A Juan L. Ortiz le dice: “Rodeado de pájaros y caballos multicolores/ de la selva de Montiel llega Juan Laurentino Ortiz/ Me trae en su maleta de piel de tigre, un/ gato montés y un mapa de sus ríos entrerrianos…”.

La visión cósmica atraviesa su país, el de la Garza Real; “…y la finitud será también mi/ País Garza Real. Me llevaré una comarca de esteros, lagunas, palmares,/ y unos labios, unos ojos, mis/ caballos”. Poesía mágica, como dice Jorge Fondebrider, “suntuosa, deslumbrante, hipnótica, llevó los descubrimientos del surrealismo a un nuevo ámbito, desmenuzando el paisaje natal, las áreas primitivas de la provincia de Corrientes, así supo ver con ojos nuevos una realidad que, vista desde la ciudad, atrasa”.
Hay en sus versos un despliegue de mestizaje y señorío, una lengua que exalta lo antiguo y los ríos por el cual el poeta navega. Su relación con el agua es total, en “La Casa de la hechicera” en el libro “Criollo del Universo” lo define: “Soy jinete marino/ de todos los colores/ Para mi la Patria es agua/, la tierra es agua,/ nuestra sonrisa es agua, / la pasarela al infinito es agua,/ santos son agua/ vírgenes son agua”.

En “La contragaucho” realza el escenario del mestizaje y aparece su madre: “Así vivían en las campañas bárbaras,/ y el resplandor del renegado criollo se encendía en los/ tembladerales del oro… Vivían lejos de las uniformidades y cerca de las/ reverberaciones más arcaicas y populares, que / parecen andaluzas, pero son afroindias, y a ti, y a mi/ madre, te mojaron y peinaron los cabellos y los/ ojos celestes bajo la luz caliente de los tacuarales junto al/ río al estero con una mariposa al/ acecho…”.

Francisco, consciente de su destino, sentenció: “No podré salir nunca del hechizo natal” y quienes hemos leído sus textos decimos: solo otro encantamiento podrá deshacer el hechizo de su palabra.

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