Refugio de lectura

Por María del Rosario Andrada
domingo, 14 de julio de 2019 · 04:00

EL CANSANCIO de los HIJOS de MARÍA MASCHERONI 
(Poemario- Hilos Editora) 2do. Premio Municipal Bs. As. 2011

María Mascheroni nació en Bs. As. en 1958, poeta, editora, psicoanalista. Publicó: La inevitable Curva; Impaciencia de la Sed, La tierra sabe lo que hace cuando tiembla; Jardín; Vendrá la muerte y tendrá tus ojos - 10 Miradas sobre la poesía y la muerte; Hierba sobre el mundo castigado - Colectivo Poético. Coordina los talleres de investigación, pensamiento y acción poética Martes intenso.

La muerte que se palpita en el último estertor, ese respiro lento y pausado de quien está llegando a la otra orilla y, los hijos alimentándolo con sus voces, con oraciones: “…el hombre es girado con esfuerzo hacia el flanco izquierdo/ sobre ese costado su piel le pertenece…/ los hijos cuando se miran/ ven cabezas hundidas nudos/ un desfiladero peligroso para la hermandad/ que la palabra del padre ya no hila con su letra clara”. ¿Acaso la muerte imita al pájaro?, el padre encogido de espaldas de costado, saben que no está muerto, los hijos cruzan el aliento que los separa de su boca: “A mi paso un pequeño pájaro echado/ de espaldas contra el suelo con las patas encogidas… no dudé cuando lo vi, sé que estaba muerto/ ¿cómo lo supe?/ la postura del pájaro/ la postura de mi padre…”

La autora utiliza la metáfora del pájaro creando un lazo entre el instante que la vida se apaga y de las aves que mueren en su vuelo. La obsesión de quien cerró los ojos cuando sus patas se plegaron. Es su padre el que se unió al firmamento y no basta una plegaria sobre una tumba ajena, el cuerpo concentra todos sus cantos en un lugar donde sus hijos fueron cavando; “…es que cavamos / para tener donde hincarnos a persignar/ para bajar las cabezas y quedarnos sin padre”. No hay refugio para la desdicha ahí donde faltan cruces y donde la mirada se posa también en otras muertes, la de los sueños. “Aún es tiempo de hundirse / y seguimos tumbados esta generación canta el recuerdo del látigo con voz ahíta/ mira con extremidades cabrías y mustias/ cómo la oscuridad se levanta en la aurora fácilmente dañada por los sueños”.

Es solo un parpadeo, momento en que las ánimas cruzan los ríos turbulentos y buscan refugio en el hueco de un árbol, quizás hay miles de patas encogidas surcando en las mañanas.

“El Cansancio de los hijos” muestra la idea universal de la muerte y conlleva una pluralidad de situaciones; somos padres e hijos a la vez, tiene un contenido autobiográfico y filosófico, porque se sostiene en la percepción de una generación políticamente cansada.

La belleza de un poemario donde la crudeza no espanta, glorifica y nos acerca al sueño y a la polvareda. Un canto ungido desde la tristeza, pero aún así setiembre llega sin miramientos. María Mascheroni bordea lo insondable, reflexiona y sacude el ahogo en las postrimerías de su padre, la unción que todos esperan, un momento donde hay que ponerle cerrojos al dolor en la fragilidad de los días y templanza al infortunio.

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