Por María del Rosario Andrada

Refugio de lectura

domingo, 9 de junio de 2019 · 04:00

¿POR QUÉ NO HABLAN LAS SIRENAS? de Eugenia Straccali (Poemario, ed. Prueba de Galera)

Eugenia Straccali nació en La Plata, Pcia. de Bs. As. en 1970. Poeta, dramaturga, docente e investigadora de la Universidad Nacional de La Plata. Publicó: Ninfas (no musas); El Alfabeto de los árboles. Es coordinadora del Atlas de la Poesía Argentina I y II,

Navegaremos en las profundidades oceánicas de este poemario, que se revela como original, alucinante, feroz y bello. La autora abreva en lo inmemorial del mito (desde el génesis/ de todas las cosas- dice) para ofrecernos una particular versión del Canto XII de la Odisea, con una diversidad de elementos simbólicos recreados mediante sorprendentes imágenes claras y sólidas, donde fluye el espanto y como contrapartida la sensualidad de mujeres bellas y caníbales emparentadas con gorgonas, harpías, esfinges y las erinias del Hades; la íntima relación entre Eros y Thánatos.
En el inicio sitúa a la mujer en la tribu infamada como símbolo de la líbido lujuriosa y amoral. Seres que nacieron híbridos “brotaron ojos sin cabezas/ cabezas sin cuernos/ luego plumas y escamas… mujer arriba/ pez abajo”. Son mujeres danzando por el aire, dragones elevándose en el sueño. “… mujer de la cabeza hasta la cintura,/ pies de buitre y cola de pez…”. La bestialidad es parte de su naturaleza, ellas habitan en el país del goce, del placer, un país secreto. Un goce que no es inofensivo, dice un fragmento. “Ese goce no es inofensivo/ no es romántico… solo la muerte le dará al hombre/ un lugar en ese Otro goce…”. Mujeres huérfanas por su pulsión matricida.
Las sirenas no hablan; “no hay articulación ni lengua, parece un pájaro de garganta múltiple/no hay cuerdas vocales porque el trino sale del vientre…”. Se definen “bestias” cuando dicen: “Las sirenas somos tan solo bestias… taciturnas para cortar cabezas/ y limpiar las escamas bañadas de rojo”. El horror fuertemente ligado al deseo, Eros y Thánatos. Los textos transmiten un fuerte erotismo. Por ser muy sabias son estrategas, callan apenas avistan un barco y su canto resurge cuando están cerca, son hospitalarias, pero la hospitalidad conduce a la muerte. Una verdadera trampa tendida a la presa de mar, al hombre que van a capturar, elaboran una canción para el navegante. Señuelo, estrategia que les sirve en la emboscada. “Encalladas están las sirenas/ mudas te confunden/ siempre inoportunas para tu extravío…”; “posan como maniquíes en el agua/ inmóviles y oscuras/”.
Estas mujeres bellas y mortíferas son caníbales; “huyan de una carnívora que las mastica/ entre el limo, la furia y las ciénagas…”. En otro poema dice: “Mordedura caníbal …ahora mi mandíbula busca otra presa...”; “ …cerca de algún naufragio/ seguramente estaremos saboreando la carne”.
Eugenia Straccali muta en sirena, ella navega y canta con las entrañas anudadas: nos convierte en rehenes de una voz poética anclada en la maravilla y el delirio. La autora rescata tesoros submarinos buceando en la historia y los vuelca en la cubierta de este barco, en poemas como relámpagos.

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