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Refugio de lectura

Por María del Rosario Andrada

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5 de mayo de 2019 - 00:00 Por Redacción El Ancasti

ANNA AJMÁTOVA- Réquiem- Poema sin héroe 
(Ed. Cátedra S.A, Madrid, España)

Anna Ajmátov (poeta, nació cerca de Odesa, Rusia, en 1889, y falleció en Moscú en 1966) Autora de los poemarios: BelaiaStaia; Podorozhnik; de AnnoDomini MCMXXI (1921); Poema BezGeroia; Requiem, Chetki; Begvremeni. Escribió numerosos ensayos sobre Pushkin, recogidos en el volumen O Pushkine: Statí i Zametki. Publicó unas memorias donde relata sus estrechas relaciones con A. Blok, Amedeo Modigliani y Mandelshtam.

Considerada por el régimen soviético de Stalin como la poeta “maldita”, vivió el autoritarismo, la censura, la persecución y muerte de seres queridos. Su poesía transmite dolor, sufrimiento. “Réquiem” y “Poema sin Héroe” son las obras más importantes. Réquiem plasma el vía crucis que vivió Anna, versos que se trasmitieron oralmente -por el temor a la represión y encarcelamiento- y recién fueron publicados en Munich en 1963 y en la Unión Soviética en 1967. El libro muestra la desazón de la escritora por el fusilamiento de su primer marido, el arresto de su compañero y amante Nicolai Punin, y la deportación de su hijo a los campos de Siberia: “Ante esta desgracia se inclinan las montañas/ y no fluye el famoso río/ pero son fuertes los cerrojos de la prisión/ y tras ellos están las mazmorras de los presos/ …nosotras no sabemos, somos las mismas por todas partes/ Y oímos el odioso chirrido de las llaves/ y los pesados pasos del soldado…la sentencia…y de pronto brotarán las lágrimas”. Por un tiempo hacía cola en la cárcel para visitar a su hijo; una mujer, al reconocerla, le preguntó si podía describir lo que estaba viendo. “En los terribles años de Yezhov pasé diecisiete meses en las colas de las cárceles de Leningrado. En una ocasión, alguien me reconoció. Entonces, una mujer de labios azules que estaba tras de mi…despertó del aturdimiento en que estábamos y me preguntó al oído, ¿puede describirlo? Y yo dije: puedo…”. 

La inocente Rusia se retorcía bajo las botas manchadas de sangre, como las viudas de los Streltsy aullaré bajo las torres del Krelim, refiere en un poema al despedir a su compañero Punin (los streltsy conformaban un cuerpo militar que se sublevó contra el Zar Pedro El Grande, la rebelión fue aplacada y, a pesar de las súplicas de clemencia de sus esposas ante las torres del Krelim, los rebeldes fueron torturados y ejecutados) “Te llevaron al alba/ y fui tras de ti/ como en un entierro/En el ático oscuro lloraban los niños,/ Y ante la imagen sagrada se derretía la vela…”

Jesús García Gabaldón dice que Ajmátova utiliza el paisaje bíblico de la pasión y muerte de Jesús en la cruz como referente para reconstruir alegóricamente el arresto, encarcelamiento y condena de su único hijo. Es así, los poemas sentencia, muerte y crucifixión nos muestran el recorrido de una madre en el dolor; “…Magdalena palpitaba y sollozaba/ El amado discípulo se petrificaba/ Pero allí donde el silencio/la madre estaba/Nadie osaba mirar”. Aparecen aquí varias voces, la de la autora y otras. Su resistencia no fue en vano, canalizó el horror en el símbolo de una época siniestra. En “Poema sin héroe” narra la historia de una generación humillada y amordazada por el autoritarismo, un texto complejo donde la autora vuelca personajes de la época en múltiples voces que vienen del pasado, son espectros enmascarados, una marcha fúnebre de escritores muertos y de sus obras. Ajmátova convirtió a Petersburgo en el símbolo de la memoria y la cultura.

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