Refugio de lectura

Por María del Rosario Andrada
domingo, 19 de mayo de 2019 · 04:03

A.MIGÓ GARRIGA (Miguel Ángel Garriga) – PoesíaReunida (post mortem) Ed. Secretaría de Cultura de Catamarca

Miguel Ángel Garriga (Nació en Catamarca 1940, falleció en 2012) Publicó en numerosas revistas, integró las Antologías; Suma de la Poesía Argentina; Crítica  Antología compilada por Guillermo Ara; Antología de la Poesía coordinada por David Gatica, Fundador de la revista Polen.

A veces basta una obra para celebrar la poesía e introducirnos en la historia, a veces el talento sopla como ventisca en el cerro y va grabando palabras en la piedra. El poeta trepó quebradas y riscos y se transformó en kuntur/ cóndor. Vio el universo condensar la mansión de los orígenes y cómo el cascarón se abría entre desnudos peñascos, y el ave-ángel solar que irrumpía en el silencio.
Atrapado por la geografía andina escribió “El Señorío Célico de la América Criolla”, una prosa poética original plena de imágenes en la que relata el vuelo del cóndor: “Exhala el vaporoso aliento carretea con pesados trancos…arrogante inflama el velamen… elévase sobre encrespado cresterío… abreva inmensidades cósmicas  de su patio cielo sin fronteras… el majestuoso señor del vuelo aletea, planea airoso el espacio con un zumbido vibrante. La diafanidad le roza entre los pulmones zumbadores…”. El cóndor no es sólo un ave carroñera, es una divinidad, el majestuoso señor que rasga la piel de las cumbres, lame los faldeos acampanados, enredándose entre breñas y cardones espinosos. Garriga lo define como “Padre Cóndor”, santificado por las nativas estirpes, en las gestas, en las palabras, en la canción. Es patriarca velívolo, héroe, indómito, hierático, trifronte, es el símbolo de la América criolla, el guerrero de la Unión Americana.

El poema “La Danza y la Boda de Malliku” recrea el baile de seducción a la hembra;  dice: “…arrastra los alerones desplegados, escobilla el piso… avanza resuelto. Balanceándose… golpetea el suelo… desanda el zarandeo, retrocede a traspalma… retrae la mollera, hincha el gaznate… la doncella le corresponde… danza y contradanza… a los floreos le responde con devaneos; le ofrece el primer picoteo. “Ungidos en matrimonio, la hembra es fecundada y emprenden vuelo hacia el nido de la procreación al ciclo eterno del huevo inicial”. Luego hace referencia a “Condorí” -hijo de Cóndor, diciendo que el Genearca de esta sempiterna dinastía da su nombre a la sangre de su sangre en la pila bautismal de los dominios aéreos. En el poema “El Banquete”, el custodio de los pueblos desciende como un voraz carnívoro a saborear los despojos. Y en “La libertad Encadenada”, el héroe lucha para liberarse de pesadas cadenas, una metáfora de la opresión de los pueblos; sin embargo, “el espíritu sube a los cielos a poblar las invisibles constelaciones”. Solo quien vuela tan alto como el Kuntur puede describir un mundo mágico y mítico en un mensaje ancestral.
Miguel Ángel (Migo) se guareció en silencio, andariego, lector de culto, de una lírica comprometida con su origen escribió uno de los poemas, emblema de Catamarca:  “Verás a Catamarca”, “como una muchacha violada/ que, con su embarazo de siglos/ no ha podido/ parir/ aún/ sus joyerías…/ O cuando dice: “…sientes cómo el viento/ revienta de los hielos/ y penetra en las venas/ y va oxidándose la vida/ agotando el vestido,/ el dinero de la muerte/ y nadie, nadie,/hermano/ te presta un veranito…”. La serie de los “Habitantes” plasma al hombre de todas las muertes, el de la tristeza, el que habita en el peñascoso roquedal de las montañas, el que deambula por los aires con un aliento a sombra, el de la susurrante voz de osarios y el de lenguajes olvidados, a ese anciano dignatario del tiempo de sabiduría antigua. Garriga habita en las comarcas del viento y, de vez en cuando, desciende para que los sueños no sean desterrados.

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