A 400 años

La SADE, los poetas y la Virgen del Valle

jueves, 5 de diciembre de 2019 · 02:00

En adhesión a la celebración de los 400 años de la aparición de la Virgen del Valle, la SADE Catamarca incluirá en su programación la publicación de textos marianos y una disertación sobre el tema.

La SADE junto a la Junta de Estudios Históricos tendrán un ciclo en donde se hará, entre otras actividades, una disertación con la participación de Hilda Angélica García (presidenta de SADE) y Víctor Russo. Allí se expondrá un panorama general de la temática junto al análisis del poema de Jorge Paolantonio “Al morenísimo rostro”.

Al morenísimo rostro

Fragmento. Jorge Paolantonio

Agua de cuarzo y achumas vertiendo por la quebrada
Cardón en alba brillante, madre en la gente del valle
vuelve feliz tu mirada y enciéndete por nosotros
en cada cima y lomada, en los jasis y en los yacos,
en vías de pedregullo, en cuestas y en ojos de agua.
Laven tus ojos la herida de seres y mezquindades
en puestos y caseríos, en los pueblos y ciudades.
Vela en tu plácido gesto
a los que te piden, a los que no te piden
a los que te ignoran, a los que infelices ríen
a los que en su llanto cantan.
Mujer cetrina del valle
María niña y señora
sol temprano en los zafreros, brisa en los algodonales
tinaja de los febriles, guatana de los perdidos
amancay de los infantes.
María de los que siembran, de los que mingan felices,
de los chorrillos y acequias, de aguada y cañaverales
de las banderas de lluvia, de los yuchanes al alba.
María de los dolidos
de la muerte sorprendida en las minas y salares,
en el aire que envenena tarcos y alpacas reales.
Madre de las violentadas
de los palos y las ruedas, de las pircas y los japes,
de las tacanas y shinquis, y de los pies que descalzos
suben a ti su mirada
María muestra tu rostro y amamanta a los baguales
que con risas te coronan en misachicos y andares.

 

 

Virgen del Valle

 

 

PROCESIÓN

 

    Nuestra Señora iba bendiciendo

a su pueblo.

                      Catamarca

miraba a la Morena Madre

caminando a su lado

desplegando pañuelos,

saludando a su paso.

                        Y la hermosa Doncella

derramaba su albura

sobre todos los hijos de este valle.

                        Ella bajó del cerro

tocada por la Gracia en medio de cardones,

flor delicada y pura

de oscura piel envuelta

en su manto de seda.

Nacía de la dura condición de la piedra

transformada en caricias

de luz sobre la tierra.

Madre entre las montañas

y para siempre Madre,

tejió sobre la aurora

un paño de consuelo.

 

Por eso vamos todos

a cantarte en la plaza.

Besamos con cariño tu mano generosa.

 

Envíanos tus luces para soñar un tiempo

en que los niños rían

y el agua de los ríos

enjuague nuestras lágrimas.

 

                              Hilda Angélica García

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