sábado 21 de mayo de 2022

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La increíble vivencia del Dr. Federico Hausberger

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9 de octubre de 2006 - 00:00
Tal vez alguna vez haya soñado que podía participar, en representación de mi país, de una delegación en un torneo de la elite deportiva. Quizás fue al inicio de esta tarea que heredé de mi padre y de mi abuelo Antonio y en la que mi tío Julio siempre fue una referencia, quienes dedicaron muchos de sus esfuerzos a trabajar en favor del basquet y del deporte en general. Lo cierto es que durante poco más de un mes viví plenamente todas y cada una de las instancias referidas a la participación de nuestra selección en el mundial de JAPÓN 2006, arrancando con la preparación previa en Mar del Plata, para, luego de la partida, comenzar con los torneos amistosos, primero en España y más tarde en Singapur, culminando con la frutilla del postre, el MUNDIAL. Fue una ocasión única vivida por un afortunado dirigente del interior, y es mi intención, con estas pocas palabras, intentar compartir con mis comprovincianos, con cada uno de quienes en algún momento participé en un partido, un torneo, una delegación, de una simple reunión, sufriendo en un partido o simplemente intercambiamos un saludo.

Lo más lindo, y lo más importante de todo, no obstante, es que todo pasó tan rápidamente que trataré de concentrarme en aquellos detalles que puedan servir a muchos que, como yo, amamos el deporte y por el que, en más de una oportunidad, sacrificamos familia, amistades y tiempo libre.

Cuando fui al Sudamericano de Venezuela no esperaba, ni imaginaba por cierto, que la sucesión de hechos y las circunstancias que se dieron hicieran que tanto el Presidente de la CABB, Contador Horacio Muratore, como el Vice 1º y responsable de la Comisión de Selecciones, Dr. Germán Vaccaro me confiaran finalmente la responsabilidad de estar al frente de la delegación argentina. Fue sorpresiva la forma en que recibí el ofrecimiento y finalmente la confirmación de tal situación, por lo que asumí este nuevo desafío con mucha alegría y orgullo, pero también consciente de la importancia histórica de lo que estaba asumiendo y la responsabilidad que ello implicaba. En ese momento, miles de imágenes se cruzaron por mi mente: cuántos viajes con equipos de Red Star y de las selecciones catamarqueñas, con mis amigos y los ídolos de mi juventud, abrigando la ilusión de ganar un partido y de sumar experiencia, con la fortuna de integrar un equipo que representara a mi Provincia, aunque, más allá de las lógicas diferencias que existen entre ambas situaciones, hay muchas coincidencias: el amor por la camiseta, las siempre presente ganas de triunfar y llevar lo más arriba posible los colores que represento.

Lo cierto es que desempeñarme al frente de la delegación argentina, integrada por reconocidas y respetadas figuras del deporte, no sólo nacional sino mundial, tenía su sabor especial por la favorable coyuntura y prestigio que enfrenta el básquetbol argentino a nivel mundial y por las expectativas que la bien llamada Generación Dorada había despertado en la gente, principalmente. Ésa era nuestra principal apuesta: no desilusionar la confianza que la gente había depositado en la selección y que percibíamos a cada momento de este proceso.

Empezamos con un nivel diría, aceptable, en los encuentros jugados en la Argentina. Empezamos a mejorar a partir de los partidos en España y, en Singapur, a pesar de algunas dudas, todos presentimos que lo mejor estaba por llegar y que en el Mundial llagaríamos al nivel que todos esperábamos.



Primer requisito: un grupo unido

Más allá de lo que pueda pensarse, la delegación argentina se fortaleció como un grupo unido, requisito esencial para enfrentar cualquier empresa y que se basa, principalmente, en el don de buena gente de sus integrantes. En la rutina diaria de la preparación me tocó presenciar entrenamientos y ahí realmente quedé asombrado y comprobé la profesionalidad y el compromiso que los jugadores tenían con la camiseta. En ese sentido, el hambre de gloria era elevado a la enésima potencia según el prestigio y calidad de cada jugador. No hay que olvidar que en el grupo había 4 jugadores NBA (Manu, Fabri Oberto, Carlitos Delfino y el Chapu) y uno que terminó siendo el 5º como Herrmann; el “colorado” Wolkowisky viniendo de Rusia; otros como Luis Scola, Pepe Sánchez o Prigioni que son estrellas con un nivel envidiable en España, más Dani Farabello y Gaby Fernández que venian de jugar en Italia y Leo Gutiérrez, el mejor de nuestra Liga Nacional. Qué decir del Cuerpo Técnico, con el Oveja Hernández, Gonzalo García y “Tolca” como todos conocen a Enrique Tolcachier, por nombrar a los más reconocidos de un grupo que laburó incansablemente para entregar lo mejor a los jugadores. Por encontrar una frase, sería la famosa “todos para uno y uno para todos”, sólo que en este caso fueron más de tres los mosqueteros. Esa misma concentración y contracción al trabajo; las ganas constantes de mejorar y perfeccionar ese trabajo, muestran el respeto que este grupo de grandes deportistas tiene no sólo por ellos mismos, sino por todo un país que estaba pendiente de lo que pudieran hacer en la cancha. Pero ese mismo respeto fue la moneda corriente en hoteles, aviones, trenes, salas de prensa, recepciones y, en definitiva, en todos aquellos momentos y lugares en que el equipo salía de la rutina de trabajo dentro de un gimnasio. Muchos fueron los periodistas y medios que nos siguieron a lo largo del camino y, cada uno a su tiempo, destacaron este tipo de cuestiones que resaltan el valor de los jugadores como personas. Para mí, por ejemplo, no era ninguna novedad el trato que todo el equipo dispensaba a periodistas de todo el mundo: un botón que sirve de muestra de su calidad humana y profesional. Quizás al principio me llamó la atención, pero no me sorprendió porque esa actitud humilde ante su propia grandeza es lo que percibí desde el primer momento y fue lo que me permitió encontrar mi lugar e integrarme al equipo que todo dirigente sueña con representar.



El torneo

Viví cada partido con una atención especial. Desde el primer juego, fuimos recuperando la confianza y alimentando la esperanza de estar en el podio. El seguimiento de los equipos, tarea en la que ratificó su maestría Tolca y Gonzalo García; la capacidad de Hernández para diseñar las estrategias en cada partido y la ejecución que en cada caso hacían los jugadores resultaron vitales, aportando su capacidad personal en aquellos momentos calientes en los que las tácticas quedan de lado. Así, de a poco y partido tras partido, fuimos subiendo peldaños y ratificando que Argentina era un candidato en serio. Luego del exigente debut ante Francia y el cierre del grupo con una gran victoria ante Serbia y Montenegro, llegó el momento de las definiciones, Nueva Zelanda aparecía como un rival complicado, a lo que se sumó el horario de las 10 de la mañana que incomodaba a todos, pero que permitió que miles de argentinos disfrutaran de un partido sin fisuras, que ganamos con comodidad a pesar de convertir uno solo de los 18 triples que se tiraron. Vino Turquía y en 20 minutos de juego era partido y semifinal asegurada, el partido que todos esperaban y que en definitiva y para creencia de muchos, definió quien iba a ser el campeón. El día de la semifinal recuerdo que llegamos al estadio y los jugadores se acercaron a un monitor que había en la sala del comité organizador, vieron los últimos 30” de ese partido en que Grecia derrotaba a EE. UU., mientras los voluntarios japoneses no salían de su asombro y sacaban fotos, una vez finalizado el partido fuimos al vestuario y nos cruzamos con el equipo de EE UU, se notaba que habían sufrido una derrota inesperada, algo común en los últimos torneos. Volviendo a España. Qué no se ha dicho de ese partido. ¿Qué hubiera pasado si entraba el tiro de Chapu? Y, creo que son muy pocos los que no piensan que hoy seríamos los campeones del mundo. Sin dudas. Al único equipo al que España le ganó apenas por un tanto, fue Argentina. Al resto los “mató” en el primer tiempo y les ganó con autoridad. Pero la realidad ratificó aquello de que partidos son partidos y que la suerte del Campeón estaba con España, que además ratificó con juego sus aspiraciones. Fue, creo, el regreso más amargo a un vestuario, pero también el más digno, porque sabemos que se dejó TODO en ese partido. Eso fue justamente lo que se vio al día siguiente contra los Estados Unidos, un inicio arrollador, pero las energías habían quedado el día anterior. Nos quedamos sin piernas y sin podio.



El futuro

Más allá de lo que se dijo y se viene diciendo luego del mundial, vendrán algunas partidas y una renovación pensando en lo que viene. Pero para defender el oro olímpico primero hay que clasificar, y seguramente la mayoría querrá estar ahí para lograrlo. En el vestuario Chapu se encargaba de comprometer a todos para jugar el preolímpico del 2007 y creo que, más allá de situaciones que tengan que ver con lo físico o anímico, ya que no hay que olvidar que en el medio hay toda una temporada tanto en la NBA como en la ACB o la LNB y en las ligas que tienen a jugadores argentinos como protagonistas, ese compromiso se va a mantener. El espíritu ganador estará presente, como siempre.



Cierre

Como escribí al principio, sentía la necesidad de compartir con mis comprovincianos la experiencia vivida y espero haber satisfecho las expectativas. No sólo mi familia me acompañó, sentí que llevaba conmigo a mis amigos del basquet y de la vida; a mis compañeros de trabajo, a los conocidos que me apoyaron y alentaron, y a todos aquellos anónimos que me hicieron llegar su afecto y su aliento por el solo hecho de ser catamarqueño. Sentí que debía hacerlos partícipes de esta alegría: la de un dirigente catamarqueño que más allá de los cargos y de las funciones encargadas, trata de cumplir con aquello que me inculcaron mis padres, a quienes debo mi eterno agradecimiento.
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