“Si no sos loco, no pensás y soñás, no hacés cosas”

A su regreso de una semana en Bolivia, donde acompañó a su hijo Augusto -quien corrió una carrera del Rally Sudamericano-, el empresario de la construcción y dueño de la agencia de Volkswagen en Catamarca se muestra en un diálogo abierto con RE.

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RE -A veces cuesta comenzar hablando de uno mismo. ¿Comenzamos por el país? ¿Cómo ves esta realidad en la que estamos inmersos?
WD -Complicada. Al país no lo veo mal, es un país muy rico que tiene las cuatro estaciones bien marcadas. Eso es muy importante para un país. Tiene una longitud inmensa. No nos falta nada. Tenemos mar, montaña, petróleo, gas, oro, hierro, madera. Tenemos agua, que a muchos lugares del mundo le falta. Agua que no valoramos porque, en realidad, cuando hay exceso, no valoramos. Lo hacemos cuando faltan las cosas. Tenemos recursos naturales que muy pocos países en el mundo tienen.

RE -¿Y el recurso humano?
WD -Como dicen, Argentina es muy rica (pero) lo que tendríamos que hacer es cambiar a los argentinos. Un problema que tenemos somos los argentinos que vivimos adentro y no sabemos aprovechar lo que tenemos. No puede ser que estemos en la situación en que estamos con un país tan rico. Tiremos lo que tiremos en la tierra, sale. Tenemos ganadería, agricultura que, te repito, muy pocos países tienen las grandes dimensiones que tenemos.

RE -Nombraste agricultura, ganadería. Son sinónimos de trabajo. Y podés hablar de eso porque tu padre vino a trabajar a este país…
WD -Mi padre estuvo en la Segunda Guerra Mundial, emigrando. Sabemos bien lo que pasó con Alemania: Hitler destruyó toda Europa. Cuando volvieron a su tierra natal, se encontraron con que no había nada, ni trabajo. Estaba todo destruido, era un país en ruinas, toda Europa estaba en una situación desastrosa. Mi padre tomó la decisión de venir a Argentina porque ofrecía oportunidades y en ese momento daba de comer al mundo. A veces no valoramos, pero ellos me contaban (sobre todo mi madre) que un país de hace 50 o 60 años atrás no tiene las comodidades que hay ahora. En esa Argentina vos matabas una vaca y lo único que podías hacer era charqui. No aprovechabas casi nada, si aprovechabas el 30 o 40% del animal, era mucho. Hoy, con la tecnología que tenemos aprovechamos el 100%. Un país que ya en esa época despilfarraba la cantidad de ganado que tenía y no valoraba.

RE -Da la impresión de que estamos “pasados de vuelta” en Argentina porque también hay grandes cerebros… ¿estamos pasados de vuelta?
WD -Yo creo que no es malo valorarse. Pero nos auto-valoramos demasiado. Estamos diciendo que tenemos de todo y que somos los mejores. Creo que eso es lo peor que nos puede hacer socialmente: creemos que somos lo que no somos. Y es bueno compararse a nivel mundial, compararse socialmente cómo estamos. Me gusta viajar, salgo, veo, observo. Cuando voy a Buenos Aires me deslumbra ver lo que se hizo en el año ’40, ’50, las edificaciones, las obras. Son obras a nivel europeo, de arquitectos italianos, franceses, obras bellísimas. Hoy ves que, después de ese tiempo, el país está estancado; que lo que se ha generado es muy poco con respecto a aquellos años. Hay que considerar que nuestro país está en la “punta del mundo”; hay que ir a Argentina, no estamos “de paso”. No estamos en la ruta de nadie, ni aérea, ni marítima ni nada. Aunque el mundo se achica en tamaño, los argentinos quedamos más alejados.

RE -Por el atraso, hay falta de inversiones ya en el país…
WD -Cuánto nos va a costar recuperar si hoy nos ponemos a trabajar en eso. ¿Cuánto? Una enormidad. Pero si no nos ponemos a trabajar, creo que Argentina en 20 años más va a quedar relegada del mundo. No vamos a existir, no nos van a tener en cuenta.

RE -Y los procesos son cada vez más rápidos…
WD -La comunicación es tan rápida que ya no vienen “a hacerse la América”, como decían; eso no existe más. Hoy la tecnología brinda tanta información que los grandes inversores piensan dos veces y saben bien adónde van a poner un centavo y dónde no.

RE -Es emblemática aquí la presencia y el trabajo de la familia D´Agostini con sus inversiones. Hay una estrategia empresarial pero también una decisión detrás de ello. ¿Es así? ¿Siempre apostando a Catamarca?
WD -Yo no digo que sea apostar a Catamarca, pues ¡somos catamarqueños! Es lo lógico pues uno es catamarqueño y se ha nutrido de tantas situaciones: la parte económica, lo social, lo que uno ha vivido, nos hemos formado en Catamarca… Podríamos haber tomado otra decisión, y haber regresado a Italia como muchos italianos hicieron: volver a la tierra de nuestros padres. Y no se tomó esa decisión puramente porque era un país que brindaba alternativas y oportunidades. No hay que hablar solo de la familia D´Agostini sino que hay muchos emigrantes que se quedaron, formaron familia y forjaron su porvenir. Es muy difícil regresar o no querer a la tierra donde has estado. Recuerdo que cuando mi padre volvió a Italia a visitar a su familia; su idea era no quizás la de regresar, pero sí la de frecuentar más a sus raíces. Pero mi madre nunca quiso. Ella “era catamarqueña” y le gustaba acá, era devota de la Virgen del Valle, muy religiosa y nunca se le ocurrió volver, aunque haya ido a pasear. El arraigo y el sacrificio que hicieron fueron muy grandes. Eso fue hace más de 60 años, la ciudad se circunscribía a la vuelta de la Plaza de la Estación y lo que había en las cuatro avenidas. Catamarca no era nada. Venir de Europa y llegar acá era hacer patria, como se decía. Ella se enamoró de Catamarca y del Valle, y se quedó acá.

RE -Siguieron los hijos…
WD -Nosotros (Fernando, Paola, Walter, Gabriela y Claudia) estudiamos acá, nos criamos, de a poco cada uno fue formando su familia y obviamente todos nos quedamos sin pensar siquiera en irse a otra provincia. Siempre fue el mero objetivo de quedarse y crecer junto a esta sociedad catamarqueña.

RE - En una época estuviste como presidente de Villa Cubas…
WD - En el club hicimos muchas cosas a pesar de que era una época bien difícil. Había un comedor infantil, teníamos una radio, los bailes... Yo ponía la garantía y el dinero para contratar a “La Mona” Giménez, corría el riesgo. Los ponía a hacer sándwiches a todos los muchachos. Hicimos obras: le arreglé la cancha, la iluminé… pero era un grupo de trabajo.

RE -Esa labor necesaria que hace un dirigente, trasladada a otro plano ¿la ves reflejada en el municipio, en la provincia, en el país? ¿Existe?
WD -Muy poco. No vamos a decir que no hay. Socialmente la gente no tiene la cultura de la dirigencia. La dirigencia que tenemos es la de pedir. Eso es lo peor que hay. Estamos esperando que el gobierno nos dé esto, que el otro nos dé aquello. Es cultural. Están en esa de que ‘el dirigente tiene que ser el que mejor pide, no el que mejor genere’. El más hábil con más contactos para pedir, ése es el mejor. ¿Después qué hace con lo que ha pedido? No lo sabe desarrollar, invertir, no sabe qué hacer, no tiene la experiencia.

RE -¿El asociativismo o el cooperativismo pueden ser alternativas?
WD -Catamarca no es una sociedad para eso. El argentino básicamente no lo es. Le cuesta mucho. Las sociedades están hechas en forma de familias, no en uniones de personas. Ni siquiera en lo que son las cámaras (de comercio, empresariales, profesionales, etc.) en las que todos tenemos intereses comunes, no hay gente que los agrupe. No tenemos ese afán. La minería misma, tampoco está orientada hacia un fin común. Pero, ¿te has preguntado por qué? Falla quien te está gobernando, quien te baje las órdenes. Porque si todo esperamos del Estado, del dios salvador de arriba… ¡Nada es así!

RE -¿Cuál sería la salida, el cimiento para que la construcción no se caiga?
WD -Creo que es un problema cultural. Dentro de un colegio donde estás formando a nuestra juventud, a nuestros herederos, se ve que la misma directora, el profesor, el tipo que limpia… están contaminados. Y eso indirectamente se transmite a los chicos. Como padre, vos no le vas a transmitir a tu hijo lo que le transmite la escuela. La escuela transmite otras cosas. Y tu hijo no te va a escuchar como escucha a quien lo está inculcando. Y si en la escuela tenés una mala formación, una mala información… el chico está mirando lo que sucede. Por ejemplo, si rompe algo, se lo hacen pagar. No pasa por pagar, pasa por hacerlo valorar lo que significa y lo que ha sucedido. Recuerdo al profesor Leverone en la Escuela Industrial, él nos hacía reparar. Estaba (explícito) el valor de lo que vos destruías con lo que costaba construirlo, repararlo con tus manos. No era la plata. Si rayaba una pared no era “paga papá” o traigo un litro de pintura y lo soluciono. La solución pasa en decir por qué lo hice y el costo (no económico) sino social. Si ese chico rompe la escuela qué podemos esperar en la calle. Van a romper un tacho de basura, el auto, un jardín, quebrar el gajo de la planta. Esa enseñanza, que es tan chiquita te forma como ser humano el día de mañana. Eso nos falta.

RE - ¿Percibís que ese sentido altruista de la sociedad se está generando en mucha gente pero que hay otra parte que destruye con más fuerza todavía?
WD -Obvio que está ese sentido constructivo, sino no existiríamos. Ya nos hubiéramos destruido entre todos. Esa formación (el detener el auto para que cruce el peatón, etcétera) no se hace de la noche a la mañana o porque saquen una ley o un decreto. No. Eso se forma desde chico. Hay algo que se sacó, que es el Regimiento… podemos decir todo lo que se quiera… pero formaba a la gente en el respetar. Ya no respetamos. Lo que es tuyo es tuyo, y lo que es mío es mío. Y no puedo avasallar por sobre los derechos del otro. Sobre los derechos básicos. Y otra cosa: había dos sociedades exactamente iguales hace 30 años atrás: La Rioja y Catamarca. Éramos superiores a los riojanos. Hoy, debo decirlo con toda tristeza o lástima que ellos han progresado y nosotros nos hemos estancado. En esas cosas, en dar prioridad al que entra por la derecha, al que está dentro de la rotonda, al peatón, respetar un semáforo, cosas simples. Ese poquito que se va formando, va formando la sociedad. Pero tenemos que ser más agresivos, profundos en ese cambio. ¿Por qué nosotros cuando vamos a Chile somos un ejemplo? Porque sabemos que si hacemos algo que no corresponde, nos van a poner en su lugar.

 
La vocación deportiva y competitiva de Walter es inocultable a la hora de mostrar su pensamiento y su acción. En automovilismo, participó en cuanta competencia se propuso mientras las posibilidades le dieron. Quizás la “cumbre” de su carrera fueron sus participaciones en los Rally Dakar -en auto y en camión-. Experiencias de vida que no olvida y que ahora comparte con su único hijo, Augusto, quien ya también pertenece a la élite del rally argentino y sudamericano. La pasión por los fierros no quita que se lo suela ver pedaleando algún circuito con su mountain bike o practicando algún otro deporte.

Pero hay otra faceta, la de empresario, que tiene menos exposición mediática y que para muchos es desconocida. D´Agostini tiene a su cargo la agencia Autovía y la empresa constructora Hormicat, además de otras inversiones y de ser propietario del club de padel y fútbol 5 más tradicional de la ciudad: Luck Padel.
Sin dudas, una personalidad destacada de la sociedad catamarqueña. Un tipo que piensa y construye, pero que también sabe disfrutar de la vida. Un emprendedor nato que se muestra libre de los prejuicios o ideas preconcebidas que generalmente detienen a quienes les hierve la sangre por hacer cosas. Y se siente satisfecho por ese hacer. “Cualquier emprendimiento que genero me gusta hacerlo con todo el esfuerzo. O lo hago bien o no lo hago”. Lo dice Walter D´Agostini, “el Loco”. O, quizás, “no tan loco”.

Textos: Carlos Gallo
Fotos: Archivo de W. D´Agostini y Diego Rodríguez.

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ALEM Y REPÚBLICA

Entre sus proyectos a futuro se destaca uno: luego de haber descartado la explotación de la vieja estación de servicios de Avenida Alem y República, la propiedad adquirida en esa manzana sirve de base para la construcción de un complejo comercial y habitacional. Un shopping con hotel. Por ahora, los trabajos están debajo del nivel del suelo cavando y armando las estructuras para una playa de estacionamiento con capacidad para 500 vehículos. Tendrá torres de habitaciones arriba del complejo comercial. En el proyecto participa un grupo inversor y profesionales como el arquitecto Eduardo Samez y el ingeniero Nicolás Perovich.

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