La subestimación del acoso

Uno de los problemas más severos en lo que respecta al bullying...

OPINION | 

Uno de los problemas más severos en lo que respecta al bullying o acoso escolar tiene que ver con su percepción. Los estudios que se elaboran al respecto permiten inferir que muchos de los integrantes de la comunidad escolar son fuertemente críticos respecto de los casos que se registran en otros establecimientos, pero subestiman los que se producen en el propio. La subestimación tiene que ver con el número de los casos, con la gravedad de los mismos o incluso con definir como episodios de conflicto comunes y corrientes a hechos de violencia física y psicológica.


Un informe sobre violencia escolar realizado por Flacso y Unicef en 2011 señala: "En relación a la percepción de la violencia en las escuelas en Argentina, esta investigación nos advierte sobre una contradicción que deseamos resaltar: cuando se consulta a los entrevistados sobre la percepción de violencia en las escuelas (en cualquier escuela), el 52% de los consultados considera a la violencia en el ámbito escolar como un problema muy grave o grave. Sin embargo, al ser consultados sobre este fenómeno en sus propias escuelas, el problema tiende a ser percibido como mucho menos grave: el porcentaje de los entrevistados que calificaron al mismo como muy grave o grave se reduce a un 19,2%".


Si bien el estudio ya tiene varios años, no hay razones visibles para suponer que no se sigue observando el mismo fenómeno. Un relevamiento más reciente, la prueba Aprender del año pasado, determinó que el 63 por ciento de los alumnos del nivel secundario aseguró haber sido testigo de alguna situación de discriminación.


La conclusión permite entender un poco mejor por qué en demasiadas ocasiones el acoso escolar pasa inadvertido o es naturalizado. Los estudiosos del tema suelen advertir que a veces los propios acosadores o el resto de los actores que forman parte de la comunidad educativa, espectadores pasivos de estos hechos, no son conscientes del daño real o potencial que este tipo de comportamientos intolerantes y violentos causan en las víctimas, que son los que realmente sufren y no siempre son capaces de comunicar las secuelas que el bullying esporádico o sistemático les ocasiona.


En este contexto pueden comprenderse mejor las determinaciones trágicas e irreversibles que en ocasiones adoptan esas víctimas. El entorno asume con incredulidad lo sucedido, y es lógico que así suceda porque las instancias previas de esta decisión no fueron advertidas, o al menos no en su verdadera magnitud. 


El dato positivo es que la problemática finalmente está instalada, aunque las instancias de debate no son ni suficiente ni eficaces aún.


La subestimación del impacto negativo del acoso escolar, la percepción distorsionada de sus verdaderas consecuencias, deben ser disparadores de una reflexión profunda en los dos ámbitos educativos por excelencia de los niños y adolescentes –la familia y la escuela- a los fines de abordar responsablemente el problema y sus vías de solución. Minimizar las consecuencias es sumamente nocivo y peligroso.
 

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