La Cruzada que viene

OPINION | 

Los movimientos contrarios a la legalización del aborto, autodenominados “pro-vida”, se lanzaron al ruedo político con el Partido Celeste. Según informó el dirigente Raúl Magnasco, uno de los impulsores de la iniciativa, en la presentación realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el trámite para obtener la personería jurídica se inició ya en seis distritos, entre ellos Catamarca. Entonados por el rechazo del Senado nacional al proyecto de ley que había aprobado, con números muy justos, por la Cámara de Diputados, el Partido Celeste se propone ganar representación institucional y no descarta presentarse en las próximas elecciones. Este impulso político ya se había insinuado en las manifestaciones organizadas por la Iglesia catamarqueña para presionar sobre los legisladores nacionales, en las que uno de los elementos discursivos más insistentes era la advertencia de que los “aborteros” no serían votados, junto al reclamo de exigir a los candidatos de todas las fuerzas políticas que manifestaran públicamente su posición sobre la interrupción voluntaria del embarazo antes de entrar en contienda.


Lanzado al ruedo este nuevo protagonista de la política, no faltaron los interrogantes sobre la composición de su agenda. Aunque es sabido que el Diablo nunca descansa, parecía esfuerzo excesivo ponerse a armar un partido solo para resistir eventuales nuevas intentonas de legalizar el aborto. En declaraciones a Radio Ancasti, el referente de los pañuelos celestes para la región NOA, Pablo Agüero, ofreció una pista interesante. "Hoy la Iglesia está siendo atacada por ser quien defiende el concepto de familia. Después va seguir en la agenda lo que es la Educación Sexual Integral, que se quiere imponer", dijo. Ahí está la pata de la sota: la agenda del Partido Celeste, al menos por lo que expresó Agüero, sería la de la Iglesia, por mucho que la agrupación esté, como dicen, “abierta a todos”. De modo que por su intermedio la Iglesia tendría representación parlamentaria, tal vez –soñar no cuesta nada- hasta alguna intendencia, un gobierno. Debe admitirse que contar con un brazo político le resulta a la Iglesia imperioso: la ponzoña laica, quedó demostrado en el debate por el aborto desarrollado en el Congreso, ha contaminado a todos los partidos tradicionales. El Partido Celeste es la reacción al movimiento de los pañuelos naranjas, cuyo lema es “Iglesia y Estado, asuntos separados”.


Tal vez por falta de oficio, el Partido Celeste no advirtió lo inconveniente de empezar a rodar con una incongruencia. Durante la discusión por la legalización del aborto, uno de los argumentos que los sectores contrarios blandieron con más fuerza fue el de avanzar en la educación sexual para reducir los embarazos no deseados. Que la Iglesia admitiera esta alternativa, a la que siempre se opuso con la misma energía que al divorcio o los métodos anticonceptivos, significaba ya un gran avance, aún cuando fuera evidente que elegía lo que consideraba el mal menor. El triunfo obtenido en el Senado parece haber modificado la percepción de la realidad: si ya está garantizado que el aborto se mantenga en la ilegalidad, al menos en lo inmediato, no hay motivos para arriar otras banderas históricas. Habrá que pagar el costo en las urnas de desdecirse, pero la incidencia de la prédica eclesiástica quedó tan clara como la fortaleza adquirida por los grupos que cuestionan algunos de sus preceptos. En ese marco, le cabe a Radio Ancasti el privilegio de haber sido el espacio periodístico elegido por el instrumento político de la Iglesia, a través de su representante para el NOA, Pablo Agüero, para convocar a la Cruzada que viene: restringir el alcance de la Educación Sexual Integral.
 

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