En tres días se denunciaron más de 20 robos de celulares

Las amenazas y la violencia de género también sumaron una importante cantidad de denuncias.

POLICIALES | 

El último fin de semana largo estrenó un feriado provincial pero el delito no se tomó descanso. De acuerdo con fuentes judiciales, entre el viernes y el domingo se registraron más de 20 denuncias por el robo de celulares. También hubo una importante cantidad de denuncias por violencia de género y amenazas.

Según información a la que accedió El Ancasti, se registraron 23 denuncias por el robo de celulares. El viernes en la Unidad Judicial Nº 5, una mujer de 25 años denunció el jueves, poco antes del mediodía, que había salido para buscar a su hijo en la escuela, en un barrio de la zona oeste de la Capital. Indicó que dos personas se trasladaban en una moto y uno de ellos, el acompañante, le sacó del bolsillo de atrás del jean el teléfono celular. Describió que el motociclista usaba el casco protector y que tenía contextura robusta. En otros casos, los robos se cometieron por el descuido del propietario, quien dejó el aparato al alcance de la mano de los amigos de lo ajeno.

En tanto que se concretaron 29 denuncias por hechos relacionados con violencia familiar o de género, como así también por incumplimiento de los deberes parentales o impedimento de contacto (pero estos casos son los menos). Del total de denuncias, solamente siete se radicaron en la Unidad Judicial Especializada en Violencia Familiar y de Género; las otras denuncias se asentaron en las 11 Unidades Judiciales que se encuentran en Capital, Valle Viejo y Fray Mamerto Esquiú.

Las amenazas también tuvieron un importante aporte. En el Valle Central se presentaron 33 denuncias, algunas más graves que otras, por el uso de la fuerza y de las agresiones físicas y de armas de fuego. Puede tratarse de un conflicto vecinal o de una disputa familiar.

Al respecto, desde la Fiscalía General, en alguna oportunidad se aclaró que no todo dicho amenazante constituye un delito. “Es un canal importante de conflictividad. No desgasta el sistema sino que incrementa notablemente el caudal de causas que requieren atención. Más de una vez, este incremento es estadísticamente significativo en cuanto a denuncias realizadas pero no a hechos penales típicos relevantes”, se explicó.

Sin ánimos de generalizar, se remarcó que en la mayoría de las amenazas existe un trasfondo de alguna índole que determina una vinculación permanente o circunstancial de las partes. Esta vinculación puede ser entre comerciante y cliente, o en una relación de vecindad. “En la mayoría de los casos, las partes se conocen de antemano y hubo algo que fue exacerbando el estado anímico que llevó a eso o una mala relación vecinal o el maltrato de un comerciante a un cliente o viceversa”, se describió. 

Según se detalló, suceden situaciones en que personas comunes se amenazan en un semáforo “y uno le dice al otro que le va a meter una bomba o que se va a conectar con los extraterrestres para que vengan y lo secuestren si sigue portándose de esa manera”.

No obstante, se consideró que algunas circunstancias podrían canalizarse por otras vías, que no tiene que ser la penal. La mediación sería una alternativa absolutamente apta e idónea para tramitar y resolver el conflicto de fondo “que no lo vamos a resolver por la vía penal”, se indicó. Si la amenaza surgió entre vecinos por algunas diferencias, éstas podrían solucionarse con una mediación porque el delito de amenaza podría tener una sanción pero no resolvería el conflicto de fondo, se recalcó.

Las amenazas se producen en un contexto y a veces este delito acompaña el desencadenante de otro, como el de lesiones. En el marco de una pelea callejera ocasional, ejemplificó, no tiene mayor relevancia.

Sin embargo, aclaró que las amenazas que tienen más trascendencia y más rigor se dan en el caso de la violencia de género. Es decir, cuando surge la reiteración de amenazas sucesivas, periódicas o reiterativas sobre una misma víctima. En estos casos el tratamiento es diferencial.

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