El feudo del Gallo, a la deriva

OPINION | 

Al intendente Gustavo Roque Jalile, que identifica su gestión con la silueta del gallo, ave de la que toma el apodo, no le asiste el derecho de excusarse en los desatinos de su antecesora, Natalia Soria.
Glorificada en sus albores como la intendenta piquetera, Soria fue apenas un fugaz interregno, producto no solo de la incidencia de la estructura de votos cautivos que había conformado con la repartija de los programas y dádivas que manipulaba a discreción en su calidad de referente local del Movimiento Evita. Aunque la importancia que este capital político tuvo para su triunfo es indudable, la angurria política de Jalile, traducida en clave nepótica, gravitó no menos significativamente. Frustrado en su intento de violentar la Carta Orgánica Municipal y postularse a un tercer mandato consecutivo, el “Gallo” se aseguró en 2011 una banca de diputado provincial e impuso la candidatura de su hijo Jair, que perdió.

La lamentable gestión de Soria y la hasta ahora insalvable división del peronismo chacarero le permitieron el retorno al cargo en 2015 con algún oxígeno, tras una estadía en la Legislatura tan breve como estéril.

A tres años de aquella reválida, mientras se apresta a la reelección, los crónicos problemas de Valle Viejo se han agravado: al paisaje lunar de las calles ayunas de bacheos -varias destrozadas por la controvertida obra de cloacas-, la falta de iluminación y los servicios municipales prestados con, paradójicamente, habitual irregularidad, se suman ahora la proliferación de basurales a cielo abierto y los asentamientos ilegales. Esto, en el marco de perpetuos y grotescos conflictos institucionales que se arrastran desde sus anteriores gestiones y conforman un catálogo muy completo del autoritarismo, desarrollados bajo un déficit presupuestario ya incorporado como norma.

No es preciso ahondar demasiado para encontrar al responsable de la degradación chacarera. Soria habrá hecho su aporte, por supuesto, pero el “Gallo” ha estado al frente de la comuna durante un tiempo mucho más prolongado.

La vehemente personalidad de Jalile no ha de estar necesariamente reñida con el raciocinio, de modo que, así como se envanece de ser caudillo supremo e imbatible de Valle Viejo, forjador de un reñidero particular donde nadie ha podido pisarle el poncho jamás, deberá admitir que los cargos por la involución de su feudo le corresponden.

Contrastes

Para desgracia del “Gallo”, su menesteroso desempeño como intendente se hace evidente sin necesidad de recorridas demasiado meticulosas.

Basta con entrar a Valle Viejo por Sumalao, vía ruta 33. El ingreso es un desastre y un peligro, boca de lobo al caer la noche cuyas deficiencias son más palmarias en cuanto se lo compara con el acceso sur a la Capital, por ruta 38, reacondicionado, señalizado y bien iluminado.

Si bien la Capital no es ajena al problema de las usurpaciones y los asentamientos, el municipio gestiona en forma permanente recursos para avanzar en la urbanización de sectores hasta hace muy poco marginados y coordina con los gobiernos nacional y provincial respuestas a la demanda habitacional.

Los defectos y deudas que puedan achacársele a estas políticas capitalinas no bastan para exculpar a la municipalidad chacarera, que si no soporta reproches en este aspecto es porque objetar lo que no existe supone una imposibilidad lógica: el Valle Viejo de Jalile carece de políticas de urbanización y ordenamiento de la demanda habitacional consistentes.

La gestión “gallera” se circunscribe a quejarse por supuestas discriminaciones y complots tramados desde el Gobierno provincial, mientras la decadencia urbana avanza en alas de la desidia y la incompetencia.

Esta deriva de abandono no solo afecta la calidad de vida y los amortiguadores sometidos a la tortura de los baches. Además, devalúa estructuralmente a Las Chacras, otrora atractivo lugar de residencia a pocos minutos de la Capital, al permitir el avance de conglomerados irregulares.

Entiéndase bien: no se trata de negarle el derecho al techo propio de nadie, sino de asumir la responsabilidad política e institucional de dar respuestas, o al menos intentarlas.

La indiferencia de los encargados de la administración de Valle Viejo permitió que se afiance el fenómeno de los asentamientos ilegales, que incluye la comercialización de lotes usurpados y el aprovechamiento lumpen de la pobreza, en detrimento de la seguridad y el patrimonio de los chacareros.

Similitudes

Descalificado en la comparación con lo que ocurre al otro lado del Río del Valle, el “Gallo” Jalile puede emparentarse con un colega más alejado en el espacio. De paso, el público advertirá que algunas rasgos de conducta, sobre los cuales cada quien tendrá su parecer, no responden a pertenencias partidarias.

El estilo del radical Jalile, la parada, es muy similar al del intendente peronista de Santa Rosa Elpidio Guaraz.

Ambas figuras de la política local protagonizan recurrentes polémicas con sus Concejos Deliberantes y se caracterizan por su beligerancia discursiva. Incurren además sin escrúpulos en el nepotismo desembozado. También se escudan, ante cualquier amague de cuestionamiento, en su eficacia electoral, como si los votos fueran agua bendita. Valle Viejo y Santa Rosa son considerados por los dos como sus feudos particulares.

Lo de Jalile, sin embargo, es más triste. Su muñeca política parece serle útil para retener la poltrona de intendente, pero al mismo tiempo dilapida el potencial de Valle Viejo y lo endereza a la ruina.

Más Noticias