Aníbal Villalobos, agricultor y docente jubilado

El compromiso con la tierra

REVISTA-EXPRESS | 

El profesor Aníbal Villalobos es un vecino de Villa Dolores, “ahí nomás” en el departamento Valle Viejo, a pocos kilómetros de la ciudad Capital, pasando los Tres Puentes. Si viene desde la Capital, para llegar a su querencia hay que bajar a mano izquierda por una calle de tierra, y dirigirse hacia las fincas, los rastrojos o cercos, o sea cual sea la denominación que tuvieren esas tierras. Al iniciar el recorrido se puede observar algunos espacios abandonados, pero, cuando llegamos al lugar donde trabaja Aníbal, el color verde inunda los ojos.


La verdad es que conocí a Aníbal hace muchos años, convocados por el Grupo Senda, un grupo cultural de Valle Viejo. En los espacios libres solíamos charlar de otros temas con él, y entre esos temas estaban también los productivos. Pero, a pesar de que más de una vez he visitado su lugar de producción y que también más de una vez he probado frutos de la cosecha, puedo asegurar que nunca la finca me impactó tanto como en esta última visita.


El profesor Villalobos es un señor muy respetado en Catamarca. Además de conocido, pues su profesión –la de profesor de Educación Física- así lo permite, también es un hombre comprometido con todo lo que involucra a su pueblo. El profesor responde a todas las convocatorias que le hacen llegar desde distintos puntos de la provincia; ayer nomás lo invitaron para organizar alguna institución agropecuaria en la localidad de Tintigasta, en El Alto.


En esta visita, mientras charlábamos, recorríamos el espacio en producción. Yo admiraba cada espacio de los lugares sembrados: por ejemplo, una parte ya está preparada para trasplantar tomates, con las lonas tendidas esperando ser abiertas para proteger a las pequeñas plantas. En otro espacio, las habas se elevan con fuerza, pero “las charatas no nos dejaron cosechar, como es costumbre”, explica Aníbal.


Contra un límite del solar, las lechugas recién trasplantadas están dispuestas en hileras de tal modo que se marca una línea verde a lo largo del marrón terreno. Están al lado las remolachas en la misma dirección que las lechugas y solo se diferencian de éstas por el color morado que apenas asoma de su tallo. Las acelgas se confunden con las hileras vecinas corriendo en la misma dirección, pero a pesar de ser muy pequeñas es notorio lo diferente que es el tono verde en relación con las otras plantas.


“Todo es muy lindo, pero requiere mucho trabajo, tenemos que proteger de las torcazas y de las charatas y, en algún tiempo, hasta de los loros”, apunta Ricardo Zamora, ayudante o quizás socio de Aníbal Villalobos que trabaja a la par del profe, con notorio el compromiso que siente y tiene.
En medio de estas plantaciones de la huerta se elevan, orgullosas, varias hileras de alelíes. Sobresale nítidamente el color morado de sus flores, especialmente en uno de sus extremos. “Esta parte va a florecer después”, se anticipa Aníbal dando cuenta del conocimiento adquirido por años de experiencia con la finca.


Haciendo referencia a los años pasados, habla de su padre, quien trabajó muchísimo en la producción de Villa Dolores. Y acota: “Recuerdo que, cuando éramos chicos, de aquí de Valle Viejo solían ir diariamente con su producción hacia la ciudad Capital más o menos 200 carros, carretas y alguna jardinera. Se las podía observar cada mañana cubiertas de verduras en dirección de San Fernando del Valle de Catamarca. Hoy nada de eso existe. Ni recuerdos han quedado; contarlo parece una cosa utópica, pues ni carros, ni carretas hay. Es triste pero real, muy real”.


Luego cuenta cómo son cada una de las producciones y cómo reparte los espacios para cada una de ellas. Señala uno y explica que ese será para las cebollas; aquel otro será para otra verdura… y así va avanzando. También cuenta que hace poco hacía pollos, alfalfa. Y cuando llega la temporada, siembra flores. Lo hace porque es una de las personas que se molesta porque “en Catamarca no se producen flores”, y dice: “Traemos flores de Mar del Plata, de Tucumán, de Chile, de Uruguay, de Mendoza. Y me pregunto, cuando veo esto, si no somos los catamarqueños capaces de realizar esta producción. En fin, son las contradicciones de la sociedad y de la política”.


Viendo la producción de Aníbal y el trabajo que realiza con sacrificio y en forma manual. Escuchando sus proyectos “ahora que me he jubilado”, al menos a mí, me la respuesta de lo que los argentinos debiéramos hacer para no escuchar las noticias nacionales cuando nos informan que nuestro país tiene un déficit de cuarenta mil millones de dólares por año. Es decir que todo lo que no tenemos es por falta de compromiso y de trabajo en el lugar que, a cada uno, le corresponde o le toca actuar.
 
Colaboración de Oscar Hugo Alaniz

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