EDICIÓN IMPRESA | CARA Y CRUZ. El ideario presuntamente peronista del diputado Raúl Guzmán no le impidió mantener una excelente relación...
El ideario presuntamente peronista del diputado Raúl Guzmán no le impidió mantener una excelente relación con las autoridades provinciales durante los 20 años del gobierno del Frente Cívico y Social. El ex oficialismo no requirió al principio sus servicios como dirigente político, pero sí como artista plástico, en cuyo carácter fue contratado en numerosas oportunidades para realizar murales, plazas y monumentos, no sólo en Capital sino también en el interior. Sin ir más lejos, en Valle Viejo, municipio comandado también por un radical. Como muchos peronistas, estuvo bastante tiempo cerca del calor del poder, de modo que no extrañó que aceptara rápidamente el convite del entonces gobernador Eduardo Brizuela del Moral, invicto aún en las lides electorales, para que integrara la lista de candidatos a diputados del FCS para los comicios de hace apenas tres años.
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No sin ironía puede decirse que el diputado Raúl Guzmán ha mantenido cierta coherencia en su sinuosa trayectoria por la Cámara baja provincial: ha sido siempre oficialista. Primero fue funcionario de Ramón Saadi en su apogeo, luego apareció en la nómina de diputados del Frente Cívico y Social y desde el año pasado funciona como aliado del Frente para la Victoria. Su desempeño legislativo no se destaca tanto por las iniciativas que contribuyó a incorporar a la cámara -la más recordada tal vez sea el proyecto del diputado Jorge Bonaterra para la construcción de viviendas sociales para diputados, senadores y empleados del Poder Legislativo, que acompañó con su firma-, sino más bien sus repentinas ausencias cuando los votos se cuentan uno a uno en función de la paridad de la correlación de fuerzas y la importancia de los temas a tratar. Cuando más se lo necesita es cuando menos aparece. Y el argumento de su ausencia parece ser siempre el mismo: está enfermo. El problema es que pocos le creen, porque su estado se salud se deteriora cada vez que su presencia es requerida con urgencia por sus pares.
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Su primera recaída fue a fines de abril y principios de mayo del año pasado, cuando su voto resultaba imprescindible para que el FCS, bloque al que aún pertenecía, recuperase la presidencia de la cámara. En aquellos días de alboroto político, Guzmán, según dijo luego, viajó a Córdoba para realizarse estudios médicos, y dejó sin quórum al radicalismo y aliados. En estos días, cuando ha migrado su alineamiento político en el seno de la Legislatura, enfermó nuevamente y otra vez viajó a Córdoba. El empeoramiento de su estado de salud es coincidente, ahora, con ciertas diferencias políticas que habrían surgido con los legisladores peronistas, que son los que requieren en la actualidad de su alineamiento incondicional, considerando la ajustada diferencia con la que cuentan en la Cámara baja. Por si fuera poco, ha trascendido –o él mismo lo hizo trascender- que podría renunciar a la banca. Si esto sucede, su reemplazante no saldría del peronismo gobernante sino de la fuerza que lo llevó como candidato (le correspondería asumir al brizuelista Humberto Rebellato), por lo que la correlación de fuerzas quedaría a un escaño del empate técnico.
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Si efectivamente Guzmán tiene problemas de salud lo más razonable sería que blanqueara esa situación, es decir, que presente su historia clínica y solicite licencia por el tiempo que sea necesario. O, si el cuadro es lo suficientemente complicado como para impedirle ejercer su rol de representante del pueblo, quizás lo más aconsejable sería que renuncie de una vez por todas a la banca. El problema es que en medio de sus públicas explicaciones acerca de su estado de salud, Guzmán habla también de que no se siente “respetado” por sus pares, que los funcionarios del Ejecutivo no lo atienden, que él no está donde está sólo para “levantar la mano”. Que, en definitiva, la realidad política actual de la cámara lo ha decepcionado. Quizás alguna vez se imaginó a sí mismo asumiendo como diputado en el Parlamento sueco y no en el catamarqueño. ¿Su problema entonces es de salud o de carácter político? Por ello, si sus ausencias se relacionan más con factores políticos que con dolencias físicas, su accionar constituiría un claro ejemplo de especulación. Un aporte, por cierto no tan original, para la consolidación de la devaluada imagen que ostentan los legisladores por los constantes desatinos que cometen en su desempeño público.