Opinion

Por la felicidad de los abuelos

EDICIÓN IMPRESA |  EDITORIAL 

 Difícil sería hallar, en estos tiempos, algún impaciente por llegar a la edad madura, nombrada “adultez mayor” o “tercera edad”, todos estos eufemismos para evitar el término “vejez”, que ha de ser, junto con la palabra “muerte” los dos vocablos más odiosos del diccionario.
Por esto, no debería asombrar el trato que reciben los viejos, quienes son, para los jóvenes, la más clara advertencia sobre lo que serán en el futuro, inexorablemente. Trato que no es bueno desde la antigüedad, como se deduce de interés de figuras notables de la cultura por desmentir la creencia de que más allá de cierta edad la vida no tiene sentido.
Pero lo que en el pesado fue sólo desconsideración conceptual, posteriormente se convirtió en indiferencia activa, con sus secuelas de discriminación, maltrato y abandono. La creciente demanda de mayores libertades, la búsqueda cada vez más aguda de bienestar egoísta, como así también la progresiva ausencia del hogar por parte de la familia han generado la necesidad de recluir a los abuelos en establecimientos destinados a asistirlos. Y en muchos casos, estos ancianos quedan solos, sin nadie que se ocupe de ellos, por lo que el Estado debe velar por ello en hogares en que podrían encontrar todo lo que necesitan, salvo la presencia fundamental de la familia.
Toda esta realidad puede verse también en Catamarca. Por información de las autoridades del Hogar “Fray Mamerto Esquiú”, se sabe que en esa institución se alojan 44 ancianos, la mayoría de ellos mayores de 80 y 90 años y en un 90% no reciben la visita de nadie. Se sabe, asimismo, que los internos –hay varones y mujeres- reciben esmerada atención, aunque sería deseable que se ampliara la planta de personal. Se subraya que la asistencia médica sería más eficaz, si se contara con participación familiar que trajera los beneficios de la asistencia afectiva, tan importante como la sanitaria o alimentaria.
Además de este hogar estatal, existen en la ciudad otros centros geriátricos privados, reservados para quienes pueden pagarse la internación. Es probable que la demanda crezca en esos establecimientos, pues la complejización de la vida familiar así lo impone, más de una vez con beneficio para el internado.
A escala nacional, estos geriátricos son, a menudo, motivo de noticias por demás crueles, como la de incendios que sorprenden a los ancianos cuando están dormidos. Siempre en el plano nacional, esos siniestros originan denuncias relacionadas con la falta de controles municipales que hacen posibles deficiencias del más variado género.
Hoy es el Día del No Maltrato al Adulto Mayor, instituido por las Naciones Unidas con el objeto de llamar la atención sobre la situación en que se hallan incontables adultos longevos de todo el mundo, expuestos a perder su convivencia con la familia y a sufrir las consecuencias de la violencia hogareña, hoy tan generalizada, y el olvido de la sociedad actual caracterizada por la indiferencia ante el pasado y lo que se juzga improductivo.
Pero también para que se profundicen las relaciones con quienes después de haber cumplido las obligaciones sociales más exigentes, todavía pueden brindar amor y experiencia, y, en todo caso, multiplicar el gozo de su descanso con el reconocimiento y el cariño de sus allegados y de su comunidad en general.