EDICIÓN IMPRESA | || CARA Y CRUZ || La fortuna del presidente de la Cámara de Diputados
La fortuna del presidente de la Cámara de Diputados, Néstor "Chicho" Tomassi, resulta indiscutible. Ya se había manifestado hace unos años, durante su primera gestión al frente de la administración del magno cuerpo, cuando un hermano suyo chocó una camioneta oficial mientras desarrollaba actividades particulares sin que hubiera que lamentar consecuencias demasiado gravosas. Tomassi intentó ocultar el accidente, quizás porque lo incómodo que era justificar que un pariente anduviera utilizando los bienes públicos para el esparcimiento propio, pero lo descubrieron y sus pares lo desplazaron de la Presidencia. Si se considera que el choque podría haberle significado a la Cámara erogaciones más gravosas en el caso de que terceros hubieran salido heridos, por decir lo menos, el costo para "Chicho" fue ínfimo, una suerte para él. Con el triunfo del Frente para la Victoria, el hombre consiguió retornar a la titularidad de Diputados con el auspicio de la plana mayor kirchnerista, más relevante que el papelón de la camioneta. Entonado por estas señales de los favores que le dispensa el destino, el hombre se planteó desafíos mayores y manoteó el sello de la Corriente Nacional de la Militancia para abonar sus pretensiones. En ese rol de referente tuvo oportunidad de constatar nuevamente que los astros están de su lado.
El viernes, Tomassi ofició de anfitrión de la comitiva nacional que se llegó a Catamarca a lanzar la Corriente que quiere usar de trampolín. Organizó para la ocasión un acto en el Club Tesorieri. Con escasa confianza en su poder de convocatoria, decidió reforzar la asistencia con algunos colectivos de militancia rentada entre los que estaba el que trasladó a facciones de las barras de Policial y Villa Cubas. Al parecer, las diferencias deportivas fueron más fuertes que el fervor "chichista" de los conchabados para hacer bulto, y se desató en el trayecto hacia Tesorieri una gresca cuyo saldo fue dos jóvenes hospitalizados, uno de los cuales ligó dos puñaladas en el tumulto. Hecho policial menor, se dirá; pero no: es otra muestra del tarro que favorece al diputado. Suerte para Tomassi, primero, que la reyerta no se le desatara en pleno acto, pues en tal caso sus acciones ante el generalato kirchnerista provincial y nacional hubieran descendido significativamente. En segundo lugar, la fortuna fue compartida entre el legislador y el apuñalado: los puntazos no tuvieron efectos graves sobre la integridad física del joven, que pudo irse a la casa después de recibir el tratamiento de rigor en el hospital. Las cosas, respira Tomassi aliviado, podrían haber sido mucho peores.
Revela el accionar del presidente de la Cámara, no obstante su suerte, los arraigados vicios de la política clientelar y sus peligros. Esto de arrear gente paga para los actos políticos no es para nada novedoso, y en cualquier caso expone una deficiencia en términos de convocatoria. Vaya a saberse: capaz que no entusiasmen a muchos dirigentes las maniobras de posicionamiento personal de "Chicho". Duele, sí, el escaso reconocimiento popular a la tarea sostenida que viene desempeñando desde que llegó a la Cámara baja, para no irse más, en 1999. Doce añitos de nada, que van para 16, en los que se mantuvo gracias a su solvencia para prestar servicios al antisaadismo, el saadismo, el barrionuevismo, el radicalismo y, ahora, el kirchnerismo, sin computar sus años como concejal e intendente de Huillapima. Una verdadera proeza de versatilidad que lo habilita para proyectarse por cualquier ventanilla disponible a destinos más gloriosos. Lo que no se sabe es si este largo transitar por las distintas facciones de la política local, sin errarle a ninguna, le permitió a Tomassi ahorrar para financiar el alquiler de los colectivos, los pesitos para asistentes extra y demás gastos del acto del viernes, o si los recursos salieron del Presupuesto de la Cámara baja que administra. Es curioso que nadie se haya inquietado hasta ahora por averiguar cómo viene la mano. No vaya a ser que el presidente de los diputados no haya escarmentado con el escandalete de la camioneta que le costó la poltrona hace unos años.