Opinion

La legitimación de Andrada

EDICIÓN IMPRESA |  CARA Y CRUZ.... La poltrona le costó sus buenos meses de angustia al pobre Daniel. En las gateras...

  • El sub-bloque andradista Algunos diputados no pierden el humor y ya empezaron a difundir la infundada versión de que se conformará un nuevo sub-bloque en la Cámara baja. Sus integrantes, dicen los insidiosos, serían el recién asumido Daniel Andrada y su hermano Guillermo "Joao". Daniel es radical de Recrear -nadie está en condiciones de asegurar que el sello aún tenga vigencia- y "Joao" peronista, pero ninguna diferencia política puede imponerse sobre los irrenunciables lazos de la sangre. "Bichos, estos Andrada -rumió un radical que pena en el llano-. Pusieron huevos en todas las canastas y se alzaron con dos bancas. Yo a gatas conseguí que Eduardo me regalara una".

Al aceptar asumir la banca de diputado provincial que quedó libre por el rechazo al procesado Arturo Aguirre, Daniel Andrada legitimó una maniobra del Frente para la Victoria tendiente no sólo a hacerle tomar al FCS un trago de su propia medicina de "inhabilidad moral" en la Cámara baja, sino también a responderle a los senadores de esa fuerza política que una semana antes habían impugnado a Marcos Denett como Fiscal de Estado bajo el cargo de "mediático". El discurso oficialista de que el rechazo a Denett manifestaba la intención del FCS de negociar la impunidad de las anteriores gestiones cerró al pelo con la caída de Aguirre, ocurrida 24 horas después de que se elevara a juicio la causa OSEP que lo involucra y unos días después de que pasara lo mismo con la emblemática causa del negocio del hambre con las compras directas en acción social. El eje del debate se ha corrido de la legitimidad de Denett a la corrupción estructural, terreno en el que el FCS, con veinte años de gestión en el lomo, lleva todas las de perder frente a un Gobierno de apenas seis meses. Cierto es que, si Andrada no asumía, le seguían una decena de candidatos a diputados titulares en la lista radical, más los suplentes. Alguno iba a agarrar. Pero agarró él, y le prestó un servicio al FV que ojalá sepan valorarle.

 


La poltrona le costó sus buenos meses de angustia al pobre Daniel. En las gateras, vino a incomodarlo un fallo de la Corte que consideraba a Aguirre incorporado, pero por fortuna para él los diputados del FV resultaron muy gauchos y resistieron, acusando de paso al máximo tribunal de los peores pecados republicanos. Mientras tanto, se desarrollaron las apasionantes intrigas cruzadas en el seno de los bloques radical y peronista. Entre los radicales, Andrada contaba con el respaldo de un grupo de brizuelistas ansiosos de cobrarle a Aguirre viejas facturas por batallas palaciegas. Los perversos castillistas, en cambio, promovían la incorporación de Aguirre en combinación con otra facción del brizuelismo residual. Estos escarceos de la bancada opositora no hubieran tenido la menor incidencia si no fuera porque el peronismo, que estaba en condiciones de voltear a Aguirre con la exitosa seducción obrada sobre los ex FCS Cecilia Porta de Salas, Jorge Bonaterra y Raúl Guzmán, tampoco se ponía de acuerdo sobre la actitud más conveniente. Algunos razonaban que la exclusión de Aguirre era lo mejor para aplicarle a los radicales las mismas escalas de valores que ellos habían instrumentado sobre electos justicialistas con problemas de papeles, aparte de contestarle a la Corte. Otros sostenían que lo mejor era dejar pasar a Aguirre, que deshilachado y rencoroso como estaba sería más permeable a los cantos de sirena oficialistas. El estrés de Aguirre, acosado a dos puntas por la Justicia y los diputados que lo querían dejar sin fueros, era seguramente mayor que el de Andrada, que le codiciaba la banca. Pero Andrada lo empató cuando empezó a circular el rumor de que el primer suplente de la lista del FCS, Carlos Ortiz, se anotaba también para manotear la silla. Felizmente, todo terminó bien para Daniel. Los astros se conjuraron a su favor, el FCS rechazó a Denett en el Senado y la línea bajó implacable a Diputados: Aguirre afuera. Que le aproveche.

 


El tiroteo entre peronistas y radicales por la banca de Aguirre fue una puesta en escena. El radicalismo no tenía número para oponerse a la embestida del FV, pero el presidente del bloque, Julio Salerno, no quiso privarse de apoyar la moción de su colega peronista Roberto Perrota para conformar la Comisión de Poderes y tratar el título de Aguirre de una vez por todas. Andrada pasaba casualmente frente a la Legislatura cuando un empleado que había salido a fumar un cigarrillo le avisó que fuera a buscar el saco para jurar porque Aguirre iba a las gancheras. Y juró Daniel, no más. Quién iba a creer que lograría tres mandatos consecutivos con la propiedad del sello del Recrear armado a principios de la década pasada por Ricardo López Murphy. Un verdadero visionario.