Carta al Director

Lo que nos enseñó Fray Mamerto Esquiú

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 Lo que nos enseñó Fray Mamerto Esquiú

Señor Director:

Con el objeto de realizar un sentido homenaje al más grande de los hijos de Catamarca, qué mejor manera de recordar su acción y pensamiento, su participación y compromiso para con la patria en aquel complejo contexto en el cual le tocó actuar y pacificar por medio de su oratoria, su legado de gran significancia para que pongamos en práctica en este presente.
Nació un jueves 11 de marzo de 1826, día de San Mamerto, obispo francés, en Catamarca, La Callecita, localidad de Piedra Blanca. Fue llamado Mamerto de la Ascensión Esquiú. Su padre, Santiago Esquiú, un súbdito español; su madre, María de las Nieves Medina, catamarqueña de 20 años. La familia Esquiú se conformó con seis hijos incluido Mamerto, sus hermanos Rosa, Odorico, Marcelina, Justo y Josefa. Era una familia sencilla, trabajadora y de activa vida cristiana. Mamerto había nacido con una frágil y delicado estado de salud, entonces sus padres decidieron que sea bautizado de inmediato, dicha ceremonia fue realizada por el padre sustituto de la parroquia, Francisco Cortés, de la Orden de San Francisco.
Con 5 años de edad su madre lo vistió con el tosco sayal de los hijos de Francisco de Asís, promesa realizada por su madre al patriarca Asís, por haber nacido enfermo; durante toda su vida vistió con dicho hábito, hasta siendo obispo.
Con 6 años de edad leía y escribía perfectamente, asistió a la escuela de primeras letras de Piedra Blanca. Ya a los 10 años y siendo aspirante de la orden, entró al convento franciscano en Catamarca en el año 1834. Se incorporó como novicio en 1841.
Entre este último año y 1843 cursó teología, estudió latín, francés e italiano, además de dirigir la escuela primaria del convento. Las letras sagradas las estudió en la soledad de su celda, además de Matemática, Literatura, Historia, siendo su única herramienta su reducida biblioteca, sumado a su anhelo de aprendizaje y sacrificio. En la ciencia del Derecho lo inició el doctor Tadeo Acuña.
En 1848 recibió en San Juan la orden sacerdotal de manos del obispo monseñor Eufrasio Quiroga Sarmiento.
El 15 de mayo de 1849 fue un día muy especial en su vida, celebró su primera misa con sólo 23 años.
Fue una figura sobresaliente no sólo por su elocuencia, además por su contextura moral de su vida, su meditación, su austeridad, penitencia y sus renunciamientos, como destaca el padre Olmos.
Su momento sublime llegó en 1853 cuando Urquiza indicó al gobernador de Catamarca Segura que debía proceder a jurar la tan ansiada Constitución, para organizar la Nación dejando atrás las luchas fratricidas. Este importante momento para la historia argentina se tenía que solemnizar con un acto de fe, por lo que se solicita a Fray Mamerto Esquiú que dirija el mismo. La hora de su vida pública había llegado, como destaca el profesor Bazán.
El Padre Esquiú fue el encargado de predicar el sermón. Contaba con 27 años de edad. Aquel 9 de julio de 1853 comenzó su oratoria de la siguiente manera: “Laetamur de gloria vestra”, su oración culminó: “Obedeced, señores, sin sumisión no hay ley; sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad; existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que Dios libre eternamente a la República Argentina”. Esta pieza literaria fue su consagración como príncipe de la oratoria sagrada. Pidió por la paz y unión de la nación, siendo reconocido más allá de los límites de su Patria.
No admitía adulación y escapaba de toda distinción, su vida era austera. Para 1857 trabajaba en la redacción de El Ambato, mostrando sus conocimientos de periodista y observador.
En 1862 recibió el traslado a un convento del vecino país de Bolivia, en la ciudad de Tarija. En esos momentos existía en la Argentina una profunda anarquía.
En 1872 fue designado arzobispo de Buenos Aires, pero Esquiú renunció en forma indeclinable, de allí se trasladó a Ecuador evitando así la insistencia del gobierno argentino.
En 1876, se trasladó al viejo continente donde recorrió parte de Francia e Italia, un año después llegó a Tierra Santa, Jerusalén. En esta peregrinación personal deseó permanecer hasta el fin de sus días, pero regresó a su patria con el mandato de cooperar con el restablecimiento de la vida regular entre los religiosos.
Para 1879 es elegido obispo de Córdoba y rechaza nuevamente el nombramiento, pero el señor nuncio le comunica: “Es voluntad del Santo Padre que usted sea obispo de Córdoba”. Por esta imposición Fray Mamerto Esquiú, aceptó, convirtiéndose en pastor y padre solícito de la diócesis mediterránea, donde realizó tareas de caridad y generosidad ante toda necesidad, poniendo en práctica sus virtudes, humildad y sacrificio.
El 8 de diciembre del año 1880 pronuncia en la Catedral de Buenos Aires su último sermón patriótico, con motivo de la capitalización de Buenos Aires. Un 10 de enero de 1883 y proveniente de un viaje pastoral en la provincia de La Rioja con destino a Córdoba, a bordo de la mensajería, Fray Mamerto Esquiú se sintió enfermo, deteniéndose en la posta El Suncho, departamento La Paz, Catamarca. Allí muere, quien en vida fue franciscano, obispo de Córdoba, un hijo de Catamarca, pero por sobre todo un siervo de Dios, mostrando un verdadero compromiso con él y con la Patria.
Su beatificación fue solicitada luego de 1920, para 1978 la causa es introducida en forma oficial en la Congregación de los Santos. En el año 2002 son aprobados los procesos, el proceso del milagro y se inicia la última etapa, probar la heroicidad de las virtudes.
Fue el más ilustre de los catamarqueños y parte de nuestra historia nacional se identifica con su personalidad, su oratoria sagrada de paz y unión para todos los argentinos.

Prof. Roberto Sayes
Docente – Investigador