24.07.12| 11:42
Cómo fue la vida de esa mujer que movilizó a millones de personas para despedirla.
“Yo no quise ni quiero nada para mi. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo, y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria”. Así hablaba ante una multitud Eva Perón, el 17 de octubre de 1951, el último de su vida. Al año siguiente, “Evita” moría por un cáncer terminal, dejando un tremendo dolor en los corazones de millones de argentinos que se acercaron a despedirla en sus multitudinarios funerales.
Es conocida la historia de María Eva Duarte de Perón. Era hija de Juan Duarte, un estanciero y político conservador de Chivilcoy, y de Juana Ibarguren. El padre de Eva tenía una familia legítima en Chivilcoy y otra ilegítima en Los Toldos. Eva y sus cuatro hermanos eran hijos “ilegítimos” de Juan Duarte, por lo que él nunca los reconoció. Cuando él murió en un accidente de auto, la madre de Eva quedó desprotegida y debió trabajar duramente como costurera para mantener a sus cinco hijos.
Pobre en su infancia, Eva vivía en una pequeña casa de Los Toldos, Buenos Aires. Luego, en su adolescencia, su familia se trasladó a Junín, donde comenzó a mejorar su situación económica. Sin embargo, atravesó muchas dificultades para llegar finalmente a ser lo que fue.
Ya desde chica, Eva tenía dotes para la actuación por lo que se puso como objetivo viajar a Buenos Aires para convertirse en actriz. Con 15 años llegó a la gran ciudad, donde comenzó a trabajar en compañías de teatro y poco a poco se fue destacando en distintos papeles, hasta que consiguió una situación económica estable y pudo asentarse.
En 1943 Eva también empezó a actuar sindicalmente y fue en 1944 cuando conoció al General Juan Domingo Perón, por quien sentía una profunda admiración. Fue el 22 de enero de 1944, en un acto organizado por la Secretaría de Trabajo y Previsión en el Luna Park, para condecorar a las actrices que más habían recaudado en la colecta de solidaridad con las víctimas del terremoto que asoló la ciudad de San Juan. Eva tenía 24 años y Perón 43, viudo desde 1938. Un mes después ya estaban juntos.
Como primera dama, esposa del presidente Perón, Eva promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la mujer, entre ellos el sufragio femenino y realizó una amplia obra social desde la Fundación Eva Perón, en donde atendía personalmente a familias que necesitaban ayuda. Su legado en la historia argentina es importantísimo.
Se suele decir que Eva Perón cosechó amores y odios. Amores, desde su trabajo por los trabajadores (sus “descamisados”), por las mujeres y por los niños. Y odio desde algunas partes de la oligarquía y militares contrarios a Perón. Desde ese sector se organizó el golpe de 1955, la “Revolución Libertadora”, que venía a “desperonizar” la Argentina. Justamente, el General Pedro Eugenio Aramburu, presidente de facto en el 55, mandó a secuestrar el cadáver de Eva Perón durante su gobierno. Un cuerpo que no tendría paz hasta después de 16 años.
Video de You Tube (último discurso de Eva del 17 de octubre de 1951 y funerales)
El sábado 26 de julio hacía frío y llovía cuando se informó por la cadena de radiodifusión: “Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa espiritual de la Nación. Los restos de la señora Eva Perón serán conducidos mañana al Ministerio de Trabajo y Previsión en donde se instalará la capilla ardiente.”
Tras su muerte la CGT declaró tres días de paro y el gobierno estableció un duelo nacional de 30 días. Su cuerpo tuvo que ser embalsamado y fue velado en el Ministerio de Trabajo y Previsión hasta el 9 de agosto, cuando fue llevado al Congreso de la Nación para recibir honores oficiales y luego a la CGT. La procesión fue seguida por más de dos millones de personas y su paso por las calles recibió una lluvia de flores arrojadas desde los balcones cercanos.
Una multitud se acercó para despedirla. Madres con sus hijos, ancianos, trabajadores cansados, con paraguas, silenciosos, hacían colas que llegaban a cubrir 35 cuadras. Esos que tanto habían rezado por su salud, todos llorando, querían besarla por última vez.
Mientras tanto, el gobierno empezó las obras del Monumento al Descamisado, que se había proyectado en base a una idea de Evita y que, según un nuevo plan, sería su tumba definitiva. Cuando la Revolución Libertadora derrocó a Perón el 23 de septiembre de 1955, el cadáver fue secuestrado y trasladado varias veces hasta 1971, cuando fue devuelto a Perón, exiliado en Puerta de Hierro, España. Más tarde, en 1976, su cuerpo fue dado a la familia Duarte, que dispuso que fuera colocado en la bóveda que la familia posee en el cementerio de la Recoleta, donde los restos de Evita descansan hasta la actualidad.
A pesar de las idas y vueltas de la historia de Eva Perón, aún después de su muerte, no hay nada que haya podido borrar su paso por la historia argentina. Tanto para quienes la odiaban como para quienes la amaban, así como para los que hoy la recuerdan con desprecio mientras que otros la admiran, Evita significa algo. Es un símbolo. Y perdura vigente 60 años después de su muerte.