08.07.12| 18:56 Soy Carmen Inés Carabús, nací en Amadores, departamento Paclín, en casa de mi familia paterna catalana. Vivo en Mandello del Lario, a 8 Km. de Lecco, en el lago de Como, en Italia, con mi marido y dos hijos: Martita y Maximiliano, hace 30 años. Conocí a mi marido italiano en Perú y decidimos venir a vivir aquí.
La Lombardía es la región donde vivimos, se caracteriza por su riqueza y organización. La industria del diseño, sea del producto y de la alta moda, empujan el sector económico a niveles mundiales a pesar de que hoy en día se sufre una fuerte crisis. Hay sectores en situación alarmante como el de la construcción.
También apuestan al turismo, cuyo potencial saben valorizarlo muy bien a través de sus platos regionales, vinos y su patrimonio arquitectónico. Los italianos conservan del pasado, feo o lindo que sea, todo edificio privado o público que tenga más de 70 años respetando una ley de protección obligatoria. Es así como las residencias aristocráticas y parques que atraen la visita del mundo entero, sobrevivieron antes las diferentes revoluciones ideológicas sociales y por ello todo ese patrimonio acumulado en el tiempo, insertado en un contexto natural precioso, se conserva celosamente en este ambiente de lagos alpinos.
El clima aquí es húmedo, con nevadas invernales y corto verano. Pero en el mes de mayo, cuando florecen los jardines históricos al borde del lago, es un paisaje de cuentos de hadas. El silencio es imperativo y ayuda a la frenética vida de todos los días.
Mi vida o casi toda, la construí aquí, al lado de mi marido e hijos. Es difícil resumirla en pocas líneas, pues viví tantos periodos, buenos y malos, como en cualquier lugar de mundo. Tuve mi oficina privada de arquitectura mientras colaboré más de veinte años con un muy buen arquitecto de Lecco, siendo co-proyectista. Hasta el 2000, todo bien, con un ritmo extraordinario de trabajo y esfuerzo, con mucho sacrificio con los hijos muy jóvenes y llenos de iniciativas. Cuando el trabajo empezó a disminuir de manera notable y los impuestos aumentaron demasiado para la profesión de arquitectos, fue conveniente concursar para ejercer como funcionario público, además del curriculum de preselección y organizar mi tiempo de otra manera.
En 1983 revalidé el titulo, hice el examen de Stato para ejercer en 1988, y en 1998 continué mis estudios en lengua francesa, y tres años de predoctorado en Ginebra (Suiza), al curso por selección especializada en arquitectura sanitaria. Una formación de alto nivel cultural y práctico con temas que van desde la emergencia sanitaria, a las ultimas enfermedades de los ancianos, enfermedades mentales, la guerra , los nuevos hospitales de alta tecnología, pasando por estudios de la valorización del territorio de origen, construcciones con recursos inmediatos de tierra o adobe, de material de reciclo, y casas de emergencias, preparándonos para los terremotos o tsunami, como organizar en la emergencia en la que vivimos los seres humanos últimamente en este planeta .
Todo esto fue muy útil para mí, sea del lado personal-cultural y para encargos de trabajo en remodelaciones de hospitales de rehabilitación cardiológicos y fisiátricos a Bellano, en nuestro territorio. También me sirvió para el relevamiento técnico después del terremoto de Aquila( Abruzzo), donde pude integrar el grupo técnico de la segunda faz, donde se analizan las lesiones casa por casa y se certifica la condición estática de la construcción para que la gente pueda regresar a su vivienda o no. Con mi certificación me hacía cargo penalmente de errores que podía cometer en la evaluación, yo era “capogrupo” por los conocimientos en materia sísmica, con un bombero que me aseguraba la posibilidad de entrar y el asistente geometra para la verificar la situación catastral. Muy buena la organización de la región Lombardia, me enorgullece haber podido ayudar al país donde elegí vivir.
Hoy, sigo en el trabajo actual en el Comune de Lecco, en el staff técnico de obras públicas, parques y jardines, villas de época con parque. Muy lindo trabajo, me encargo de la conservación histórica de jardines de residencias de valor histórico; de músicos, por ejemplo.
Tengo pocos días libres porque siempre, con tantas ocupaciones, el día me parece demasiado corto. Los fines de semana me dedico a mis pinturas, o dibujos, escuchando música clásica que es desde siempre como un primer amor, nunca abandoné desde que comencé a frecuentar el teatro Rivera Indarte de Córdoba. Mis pinturas: desde las acuarelas, acrílicos, sigo el tema del trabajo de Leonardo da Vinci en el Adda, famoso Río que forma el lago de Como, donde vivo, y termina siendo un afluente del Pò, pasando por Milán a través de canales artificiales (navigli).
Nunca dejé Catamarca, pues de alguna manera siempre mantuve contactos, sea por que vinieron amigos y familiares a visitarme y yo pude volver varias veces. Pero sí, extraño Catamarca, pero aquella que conocí, hoy es muy distinta. El centro mantiene con mucha dificultad su equilibrio, pues cada vez que vuelvo, aquella vieja casona de ladrillos se transformó, o en un edificio de altura, o en un estacionamiento. Lo que sí conserva, es que está dentro de sus 4 avenidas, mantiene esas dimensiones de aquellas Leyes de Indias, y que es hoy un valor turístico-histórico porque son muy pocas las ciudades trazadas del virreinato del Perú que no han sido modificadas. Entonces devolvámosle la característica del silencio, siendo peatonal.
Extraño Amadores, como lugar de pausa escolar; mi yegua Naranja y mi Río Paclín, mis primos y aquellos amigos del barrio de avenida Belgrano, que aun viven allí.
Aquí vivo, en Mandello del Lario, inicialmente un pueblito de pescadores ubicado al pie de montañas y lago, con la belleza y el vértigo de las distintas alturas, hoy es una pena ver en sus laderas tanta construcción. Mientras allí, el paisaje de Catamarca, con sus montañas aún sin construcciones, dan una emoción incomparable. Es que son el pulmón externo que da respiro a la bochinchera ciudad de provincia.
Las noticias que tengo de ustedes sobre lo que sucede allí, me devuelven a una realidad a veces mitificadas a causa de la distancia y de la nostalgia. Hay mucho por hacer en Catamarca, se diría, pero creo que se hizo mucho para el bien de la ciudad. Me alegra que sea caótica, con su carácter juvenil. Llegó mucha gente de “afuera” en estos últimos años y es positivo porque sirve para reconvertirse en la multiplicidad y complejidad, pero seguramente trae también una cierta audacia que sólo el catamarqueño puede defender porque se reconoce en su historia, en sus creencias manifestadas a través de sus monumentos, de su arquitectura, y en su modo de ser personas tranquilas.
*Si sos catamarqueño y vivís en algún lugar lejos de tu provincia y querés compartir las costumbres de esa ciudad escribinos a elancasti@hotmail.com".