18.01.12| 19:25
El piloto catamarqueño, Diego Demelchori, dialogó en exclusivo con EL ANCASTI DIGITAL luego de llegar de Lima. Con 26 años y una carrera prometedora, el joven dejó su huella en el Rally Dakar, en donde se convirtió en uno de los corredores más chicos, y fue su puntapié para ser invitado a correr en el Rally de los Faraones en Egipto. Proveniente de una familia de corredores, Demelchori comenzó su carrera a los 8 años y a los 21 se dedicó a ella profesionalmente. “(…)Quiero agradecerles a todos por la fuerza que me dieron, no se imaginan como me llegó y me ayudó a seguir adelante”, expresó con profunda humildad el piloto.
¿Cuál es la sensación luego de haber regresado de una competencia internacional?
-La verdad, estoy muy contento. Es el sueño de toda mi vida, desde que tengo 8 años y comencé a andar en moto, siempre soñé con llegar a algo como esto. El haber podido llegar a una competencia de este nivel fue sorprendente y lo soñaba hace varios años, desde que llegó el Dakar a la Argentina. El año pasado por esas cosas de la vida, Dios no quiso que esté, me quebré faltando muy poquito para la competencia y teniendo todo listo.
Este año se nos dio, me volvieron a aceptar, se armó el equipo, conseguimos lo que teníamos que tener para estar ahí, pudimos estar, llegamos a la meta que era para lo que había entrenado y con un resultado mayor al que esperaba, así que más no puedo pedir, estoy muy contento con todo esto.
¿Cómo fue el entrenamiento, desde que te recuperaste de la fractura hasta este Dakar?
-Fue el doble de todo, entrenaba doble turno para recuperar la fuerza de la pierna y el estado que había perdido. Yo nunca estuve parado, me quebré y a los 15 días de haberme operado empecé a hacer natación o bicicleta fija, me puse todas las pilas y en mi cabeza solo pensaba que me iba a recuperar rápido. No había podido llegar en el 2011, pero no bajé los brazos, seguí entrenando un año más y muy duro.
Entrenaba como si todos los días hubiera estado en el Dakar, me despertaba a la madrugada y salía a trotar, a andar en bici, a hacer gimnasia, natación o a andar en moto. Lo hacía de lunes a lunes, no hubo domingo ni feriado en el que haya descansado. Y bueno, fue muy duro pero los resultados estuvieron a la vista, por eso no me arrepiento de nada.
Después de tanto esfuerzo y sacrificio ¿Qué sentiste el día que comenzó el Dakar?
-Fue uno de los momentos más lindos, el estar parado en la rampa. Llegar al Dakar es muy difícil, el armar todo, conseguir las cosas, que te acepten es complicadísimo, pasar la prueba de la técnica, todo eso es de terror. La organización es perfeccionista, y parece que no llegas más y que no vas a poder participar. Muchos de mis amigos no pudieron llegar, se quedaron en el camino por todos estos detalles, por ejemplo uno de ellos tenía el buzo bordado y no podía tener el antiflama así, porque para ellos deja de ser seguro. Se fijan en todo y son muy estrictos, tanto que asustan. Personalmente, me pasó que alguien de la organización me agarró la linterna de sobrevivencia y me preguntaba si tenía pilas, yo le dije que sí, pero de todas maneras la encendían ellos para corroborar. Todo eso es tan difícil que solo por haber subido a la rampa sentís que ya ganaste, es una victoria.
Y el trayecto ¿Cómo fue atravesar tres países?
-Arranque pensando en llegar a Lima, siempre pensé en eso, traté de darle un poco de ritmo a la carrera, en los primeros días me acomode adelante, yo largue N° 164 y llegué a estar entre los 50 mejores del mundo. Pero la moto comenzó a fallar, estaba muy golpeada, se me rompió la caja de cambio y todo eso. En un momento, me pasó que me di cuenta que todo lo que tenía para el Dakar se había consumido y comencé a pensar en el día a día, es decir, a tratar de solucionar las cosas con lo que tenía. Llevamos un motor para cambiar el séptimo día, que es el día de descanso, para que la moto siga nueva y lo habíamos ocupado el tercer día, era una locura. A las gomas las comenzamos a cambiar cada tres días porque nos comenzaron a faltar, no teníamos nada de eso, así que sobrevivía con lo que había y mi preocupación también cambió, pensaba en largar y llegar a la meta ese día, era largar y llegar. Fue así que cuando menos lo pensé ya estaba en la meta final y había cruzado tres países. Abría los ojos y me decía ¡wuau! Es algo increíble la verdad y hay que estar adentro y vivirlo para saber que se siente porque es una experiencia única.
¿Cómo fue para vos llegar a Catamarca, es decir, venías en plena competencia y te tocó correr en tu tierra?
-Recién ahí me di cuenta de lo que había hecho, porque yo estaba concentrado en que nada me falle y, cuando vi a mi familia fue hermoso, ahí me di cuenta que había terminado todo.
Yo estaba muy concentrado, hasta el día del viaje estaba pendiente de embarcar, de no perder la moto, en esto y aquello, pero sobre todo en la competencia. Y cuando llegué a mi provincia tomé conciencia de lo que estaba haciendo y fue muy lindo, porque había cumplido con Catamarca. Cuando comencé con esto me hicieron una nota en la que le prometí a Catamarca llegar sea como y no me olvidé, todos los días me despertaba y pensaba en eso y fue, esa, una de las cosas que me dio fuerzas para seguir adelante y llegar a la meta.
Y acerca de la carrera ¿Fue difícil la adaptación, el manejo del idioma, las reglas, como manejabas eso?
-También costó bastante, todo me costó. Bueno en si a todos los que no manejan su idioma les cuesta bastante, pero hay que hacerse entender, pese a que la organización da charlas en varios idiomas, pero ir a preguntar algo es el tema, querer averiguar un horario o algo. Por ejemplo, tuve un problema con la navegación y no me entendían, hasta que me hice entender, me supieron explicar y me di cuenta que todo estaba bien, que el problema era por un error de ellos y me tranquilicé. Todas esas cosas costaron, fue difícil adaptarse, hacíamos muchas señas, no sé cómo pero me entendían, día a día me entendían.
Una de las cosas más lindas era que en el grupo Kawasaki, en donde estaba yo, somos una familia, nos queremos todos y nos ayudamos entre nosotros y es una de las cosas que influye mucho en la convivencia de un Dakar, porque te imaginas que llegas cansado, con ganas de dormir y te armas una cama en el suelo para dormir tres o cuatro horas. Así fueron los 15 días, muy duros pero cumplimos en con objetivo y valió la pena.
¿Viajaste con alguien de tu familia?
-No, mis viejos no pudieron ir por cuestiones económicas y todo eso, pero me esperaron en Fiambalá. De aquí me fui con el intendente de Las Juntas, Jorge Herrera, quien es un gran amigo y me ayudó y cuidó como si fuera mi padre, durante todo el año me dio una mano con el entrenamiento y en la competencia también. Me sentí muy protegido.
¿Otros participantes de tu familia corren?
-Sí, mi papá y mi hermano. Esto viene de familia. Y la verdad es que estoy muy agradecido con Javier, mi hermano, porque yo fui mecánico de él y aprendí como era una moto, como estaba compuesta, cada pieza. Esa es una de las cosas que me sirvió mucho durante la competencia.
¿Qué te dijeron ellos antes de que partas a correr el Dakar?
-Mi papá más que todo, me daba aliento siempre, me decía que no pare, que le dé para adelante y no baje los brazos, mi viejo con su espíritu de campeón de ir para adelante y le hice caso.
¿Tenés en mente tu próximo objetivo? ¿Vas a volver al Dakar el año que viene?
-Sí, yo solo voy a descansar 15 días, disfrutar de mi hija y luego a seguir entrenando como el primer día, a la mañana, a la tarde y a la noche, para que en el 2013 todo salga mejor. Me encantaría volver a ir, ojala volvamos a tener el apoyo que nos dio la provincia, ya que el gobierno nos ayudó mucho para que podamos participar. Sé que el año que viene va a ser más difícil, así que tengo que entrenar más, por eso solo me voy a tomar 15 días de descanso y luego a seguir entrenando como lo vengo haciendo estos dos años.
¿Pudiste hablar con D´agostini?
-Si hablé con él, para mí personalmente es un orgullo que hayamos sido dos los catamarqueños que luchábamos para llegar a la meta. Yo lo vi como sufría, yo salía a las 5 de la mañana y el estaba llegando recién, era algo increíble, estuvo toda una noche dentro de Las Dunas, así que nos mirábamos los dos y nos dábamos fuerza. El llegaba, cambiaba cosas de la camioneta y salía de nuevo, era increíble porque no descansaba, a veces nos encontrábamos por ahí ya que teníamos diferentes horarios, pero siempre nos apoyábamos mutuamente. Finalmente, pudimos llegar los dos y los consejos que nos dimos nos sirvieron mucho.
¿Qué les dirías a los chicos que quedaron afuera del Dakar?
-A mí me dolió mucho ver, por ejemplo, que el primer día murió un amigo mío de pista, son cosas que influyen mucho en la carrera, yo les quiero mandar mucho cariño a su familia. Con los chicos que no pudieron llegar, por ejemplo, Pizzolito era el mejor argentino que venía adelante peleando con los más grandes y le pasó lo mismo que a mí, la tierra no lo dejo ver, se comió una zanja y se quebró el fémur y el brazo. Yo lo pude saludar telefónicamente y me dijo que le pasó lo mismo que a mí y me dio aliento para que continúe. Todas esas cosas asustan un poco y te hacen pensar. Igual que toda esa gente que no pudo llegar, algunos se quebraron faltando muy poco, y yo me agarraba la cabeza y no sabía que decirles. Por eso, le pedía a Dios que me cuide y me proteja, porque me podía pasar cualquier cosa.
A Catamarca le agradezco por la fuerza, porque de verdad me llegó y cada día me despertaba y pensaba en la gente y me daban fuerza para seguir. Yo llegaba de un tramo, me dolía todo y veía la hoja y eran 800 kilómetros por recorrer, pero era así, estábamos ahí y teníamos que seguir.
¿Te imaginaste que era tan difícil?
-No, nunca. Sabía que era muy difícil pero no así, es increíble como la cabeza maneja todo y te prepara para enfrentar las cosas, yo todos los días salía preparado para enfrentar lo peor, para pasar una noche en Las Dunas, para quedarme, para lo que sea, salía preparado para afrontar lo peor. De lo contrario, no iba a poder manejar la situación, sin darse cuenta uno se va superando a sí mismo, no podía creer hacer 900 kilómetros en tercera en un solo cambio, ver cómo me pasaban camiones y autos por el costado y me podrían haber atropellado. Esas cosas son increíbles, el quedarte y cambiar un disco de embrague. Hay que tener paciencia, la verdad es que hay que estar preparado psicológicamente para afrontar lo significa este tipo de competencia, además de la preparación física hay que estar muy bien preparado psicológicamente.
En un momento, antes de comenzar la carrera, te separaron y te dijeron que eras muy chico ¿Cómo fue eso?
-Me separaron y me dijeron: “Sos muy chico para esto, prepárate y prepara tu cabeza para abandonar, porque es una frustración muy grande, sabemos el esfuerzo que hiciste y tu situación, por eso te queremos decir que sos muy chico y es tu primer Dakar, nunca nadie llega la primera vez”. Ellos me decían que no querían que me defraude, porque la frustración podía ser muy grande, pero le dimos para adelante y todo salió muy bien, por eso digo que todo está en la cabeza.
¿Cómo fue la reacción después que vieron que podías e ibas pasando cada obstáculo?
-Bueno como dije, fueron muy pocos los que llegaron en su primer Dakar, este año fuimos dos los que logramos eso. Por eso es que el primer día no me tenían en cuenta, era uno más. Después del tercer día, cuando me acomode dentro de los 50 mejores y vieron como ayude gente y me ayudaban, me empezaron a mirar distinto, era otro clima.
Una de las cosas muy lindas que me pasaron fue encontrarme con Alejandro Patronelli, fuimos como 400 kilómetros juntos y cuando llegamos a una meta me preguntó de donde era y le dije que de Catamarca y me presenté, el me dijo que estaba sorprendido por cómo iba pensando las cosas antes de hacerlas, porque no seguía las huellas de todos sino que iba con mi navegación y haciendo mi camino, me dijo que siga así porque eso me iba a llevar a la meta. Cuando venía con él había unas dunas muy altas y todos la encaraban se iban arriba y se quedaban, nosotros las agarramos en diagonal, subimos y cruzábamos a la otra, para que no se dañe el motor. Esas son las cosas que a uno le demuestran que viene haciendo bien su trabajo, hice 9300 kilómetros y no tuve ni un error de navegación, ni en la web, ni perdí el control de la velocidad, todo fue perfecto y eso me da mucha satisfacción en cuanto al trabajo que hice.
Coma, por ejemplo, estuvo perdido por un error de navegación y perdió la punta, uno tiene que ir viendo el GPS todo el tiempo, sino te perdés, a parte hay muchas huellas y muchas no son correctas.
¿Quién te hacia la hoja de ruta?
-Era un dolor de cabeza, porque los grandes tienen gente que les prepara eso, pero en mi caso las hacía yo, tardaba de dos horas y media a tres por hoja. Terminaba el día tenía la reunión a las 7 de la tarde, me daban la hoja y estaba hasta las 11 haciéndola. Después me iba a dormir y me despertaba a las 3 de la mañana, porque antes de cada largada te revisan toda la moto y en eso perdés media hora seguro.
¿Cómo volviste? ¿Cuántos kilos bajaste?
-Llegue muy cansado, con nueve kilos menos. Nosotros hacíamos todos, es diferente con los grandes, porque ellos descansaban entre 6 y 7 horas por día, yo dormía la mitad. Por momentos me preguntaba qué hacía ahí sufriendo tanto, pero es increíble.
¿Hubiera sido lo mismo para vos si no hubieras corrido el trayecto en Fiambalá?
-No, porque me cambio muchísimo llegar a Catamarca y cuando partí de aquí también, porque sabía que San Luis y Fiambalá eran claves, así que cuando terminaron era consciente de que solo tenía que seguir haciendo bien las cosas.
Fiambalá me cargo las pilas, estaba en mi provincia y la gente todo el tiempo me daba su cariño. El Dakar es dificilísimo, porque en el medio te pasan cosas y si no ayudas y no te ayudan a veces no podes seguir, se te rompe una cadena, te quedas sin nafta, alguna cosa siempre te pasa. Con Marcelo Sánchez, que era de mi equipo nos ayudábamos mucho.
¿Tenes alguna anécdota que digas de esto no me olvido más?
-Venía por una calle bastante ancha, entraban como diez motos pero solo éramos dos, a mi lado estaba el N° 44 que no sé quién era solo me acuerdo de su número, íbamos a fondo en una recta. De repente mi moto se para, quedó muerta, me frené y me tiré al costado, revisé la moto pero no tenía nada, el helicóptero se paró a unos 500 metros y bajaron a preguntarme si todo estaba bien, la moto me arrancó como si nada, hasta ese momento no entendía que había pasado. Salgó de vuelta y más adelante veo que el tipo se había agarrado una vaca que estaba en medio del camino, resultó con politraumatismo, quebrado entero, en ese momento pensé me podría haber pasado a mí porque venía con él y lo único que se me cruzó por la mente es Dios me está cuidando, El y la Virgen y si llegué hasta aquí es porque Ellos quieren que siga.
¿Qué te dejo el Dakar?
-En la competencia tuve que aplicar lo que aprendí en toda mi vida y todo lo que sé se lo debo a mi familia. Cada día fue un desafío y día a día siento que me fui superando a mí mismo. Ahora solo tengo ganas de seguir entrenando para el año próximo.
Otras cosas que me dejo fueron aprendizajes personales, y un gran crecimiento como piloto. Gracias a mi desempeño me invitaron a participar del denominado “Rally de los Faraones”, en Egipto, lo que para mí es un orgullo porque muy pocos tuvimos ese honor.
Antes de concluir la entrevista con EL ANCASTI DIGITAL , Diego comentó las dificultades del trayecto hasta Lima. “La etapa maratón fue una locura”, destacó. Demelchori relató que antes que los últimos días aislaron a los corredores de motos del resto del grupo “(…) Nos llevaron a una cancha gigante para que reparemos las motos, todo el tiempo estábamos vigilados, una vez que terminamos con eso, nos llevaron a una carpa como de gitanos, en donde armábamos la hoja de ruta, todo era unipersonal no podíamos hablar con nadie. Por último nos dieron un plato de comida, nos quedamos con hambre, a la noche pasamos frio porque no nos dejaron llevar equipaje ni nada. Todos se quejaban y desde la organización nos decían que si fuimos capaces de llegar hasta aquí podíamos seguir adelante (…)”. Además, el piloto mencionó que el último trayecto fue reprogramado y primero largaron los últimos, por lo que quedaron desconcertados “(…) En fin ya termino, fue una experiencia única y maravillosa, yo en 15 días me pongo a entrenar de nuevo y espero poder participar el año que viene(…)”.
Texto: Noelia Tapia López.