Antonio Serrano, bandoneonista

“Cuando tuve un fueye por primera vez en mis manos, sentí una emoción inexplicable”

19.07.12| 09:30 Antonio Serrano es uno de los jóvenes exponentes del folklore local y de los pocos que se animan a indagar en los secretos de un instrumento que, característico sobre todo del tango, cada vez es más utilizado en otros ritmos musicales: el bandoneón, o fueye en la jerga del lunfardo. Antonio acaba de participar en la Cumbre Mundial del Fueye, que se desarrolló en Rafaela, y se prepara para subirse por segundo año consecutivo a la Fiesta Nacional del Poncho.  

 - Estuviste en la cumbre mundial del fueye…
- Así es. Nos contactamos con la gente de la organización a través de las redes sociales y pudimos viajar. Nos encontramos con algo muy hermoso porque el fueye es un instrumento muy especial. De hecho acá en Catamarca somos muy poquitos los bandoneonístas.

 

- ¿Cuántos aproximadamente?
- Y… en capital cinco o seis. Hay algunos exponentes jóvenes pero las referencias son el maestro Luis Castellano y el maestro Ernesto Vega, de los cuales uno siempre está aprendiendo.

 

- ¿Integrados en qué tipo de grupos?
- La mayoría en el rubro del folklore. Y en tango el maestro Castellanos, que es el gran referente que tenemos.

 

- ¿Cuál era tu motivación para participar de este evento?
- Básicamente ir a estudiar y a aprender: juntarnos y lograr aprender en dos días todo lo que se pueda de los maestros que nos daban las clases, y del intercambio con el resto de los participantes del encuentro. En total éramos cuarenta o cincuenta bandoneonístas. Tuvimos talleres del instrumento propiamente dicho, también talleres de luthería, contactos con gente que arregla bandoneones. Fue un encuentro muy productivo.

 

- ¿Fuiste el único representante de Catamarca?
Exactamente. En realidad, el único del norte argentino. Los participantes eran más bien del centro y del sur de la Argentina, aunque también hubo participantes extranjeros. Hubo un representante de Porto Alegre, Brasil; otro de Chile y otro de España.

 

- ¿Qué tipo de música tocaba el representante de Brasil con su bandoneón?
- Es muy admirador de la música folklórica nuestra, porque está muy cerca del litoral argentino. El toca mucho chamamé, y también chacareras. Es muy llamativo ver a un brasileño tocando chacareras, pero lo hace muy bien, con muchísimo criterio. También escuchamos al chileno tocando tango o al español tocando zambas.

 

- Fue un intercambio cultural muy bueno…
- Sí, claro.

 

- ¿Y cuál fue tu aporte?
- La mayoría de los que participaron del encuentro eran tangueros, casi el 90%, pero había algunos que tocaban folklore, y les llamó la atención cómo interpretamos nosotros el folklore, los “yeites” que usamos para tocar o los sonidos que le sacamos a la misma nota que tocan ellos. Yo soy autodidacta, y muchos se sorprendían de que tocara sin que nadie me haya enseñado. Pasa que leo un poco de música, y lo que no leo me las ingenio, o voy experimentando. Así aprendemos en Catamarca; no tenemos la suerte de los que viven en las grandes urbes, en las que hay músicos que enseñan. Pero ellos tocan más estructurados, nosotros más libremente.

 

- ¿Cómo nace tu interés por el bandoneón?
- Yo soy un músico que ha pasado por la guitarra, el charango, el piano, hasta que un día, hace más o menos cuatro años, de casualidad, por intermedio de un amigo, llegó un fueye a mis manos. Sentí una emoción inexplicable. Fue suficiente para que saliera desesperadamente a buscar uno para comprar. Pero lo difícil es encontrar, sobre todo en el norte del país. Y recurrí a un amigo de mi viejo, don Roque Vítori, bandoneonísta y serenatero el hombre, para que me asesore respecto de a dónde podía conseguir uno. Y como él ya tenía sus problemitas de salud bastante avanzados me dijo que, como era amigo de la familia, que me vendía el de él. Lo de vender fue en realidad simbólico, porque ese instrumento tiene un valor imposible de pagar. Fue casi un regalo.

 

- ¿Y cómo aprendiste?
- Empecé solito, porque aquí en Catamarca no tenemos una escuela de bandoneón. Lo hacemos todo solo, preguntando, buscando información en Internet, contactándome con gente como ésta de la cumbre mundial que me permitió aprender muchísimo en dos días.

 

- ¿En qué grupos tocaste como bandoneonísta?
- Yo soy músico hace 17 años. Y con el bandoneón he tocado en la mayoría de los grupos y con los solistas con los que había tocado anteriormente con otros instrumentos. Por ejemplo con Emilio Morales, Cololo Macedo, Alico Espilocín, Fernando Ochoa, el grupo Arenal en su momento. He tenido la suerte de grabar discos, y el año pasado toqué como solista en la Fiesta Nacional del Poncho. También he sido convocado para tocar en la delegación catamarqueña que actuó en Cosquín. Hoy en día, en el ambiente nuestro del folklore, ya me individualizan como bandoneonísta. Ya se olvidaron del Antonio Serrano guitarrista.

 

- ¿La escasez de bandoneonístas es sólo de Catamarca o un problema regional?
- Es un problema generalizado. Yo justamente ahora estoy viajando a La Rioja a tocar fin de semana de por medio con un muchacho que se llama Yuyo Salvatierra, que antes cantaba en el grupo Las Valijas, porque allá faltan también bandoneonístas. Hay unos cuantos pero tienen sus trabajos fijos, por llamarlos de alguna manera. También estuve tocando con Fredy Romero, que es solista, en Tucumán, y ahí también me dijeron que hay pocos que toquen el instrumento. En Santiago del Estero quizás haya un poco más, lo mismo en Salta, donde hay muchos y muy buenos.

 

- ¿A que se debe esta escasez?
- Lo que pasa es que el bandoneón es un instrumento muy costoso.

 

- ¿Cuánto cuesta un bandoneón?
- En Rafaela había varios para la venta. Había uno de 14.000 pesos, otro de 15.000. Lo que lo hace tan costosos es que no se fabrican en serie, son artesanales. Se fabricaban en Alemania y ahora no se fabrican más. Los que hay son los que entraron al país antes. Justamente en este encuentro había luthiers que están tomando la posta a ver si pueden iniciar la producción. Los que están circulando actualmente en el mercado son todos muy viejos. El mío, por ejemplo, es de 1948. Si uno lo cuida y lo va restaurando puede durar 100 años más.

 

- ¿A qué tipo de ritmo del folklore se adapta mejor el bandoneón?
Donde más brilla es en las chacareras o en las zambas carperas, pero con los grupos de Catamarca estamos grabando temas en baladas, en carnavalitos… Es un instrumento que se acomoda. El año pasado hice algunas experiencias con pistas grabadas con temas como Yesterday, O que será… El bandoneón les da a todos los temas un color muy especial. Incluso Charly García tuvo un tiempo un bandoneón en su grupo.

 

 


En el Poncho

 

Antonio Serrano fue elegido, junto a otros miembros de la guardia joven del folklore local, para grabar el spot institucional con el que se dio apertura a la 42° edición de la Fiesta del Poncho. La producción audiovisual estuvo a cargo de realizadores catamarqueños, mientras que el crédito en la producción musical le corresponde a Leonardo Eschmuller, quien además compuso la música de un himno dedicado al Poncho que fue grabado para este institucional.
Además de Antonio participaron Emilio Morales, Cololo Macedo, los hermanos Quike y Martín Giordani, Leo Eschmuller, Ariel Segura, Rodrigo Varela, Freddy Romero, Alico Espilocín, Itatí Álvarez, Rafael Salas, Pablo Reinoso, Federico Miranda, Lulo Machado, Raúl Acevedo, Miguel Zaffaroni y la bailarina Rita Soria.
El Predio Ferial, la Cuesta del Portezuelo, los túneles de La Merced, los paisajes selváticos del Totoral y la vista de la ciudad que ofrece El Jumeal fueron los escenarios elegidos para grabar este video que fue presentado en la apertura de la fiesta, el pasado viernes.
Antonio actuó el año pasado en el escenario mayor como bandoneonísta solista, mientras que este año acompañará, en la última noche, a Alico Espilocín y a Fredy Romero.

 

 

Catamarqueño por adopción

 

Antonio Serrano tiene 31 años. Hijo de padre santiagueño y madre porteña, nació en Buenos Aires. Vivió unos años en Santiago del Estero y luego se radicó en Catamarca. Hoy se siente un catamarqueño más.

 

Texto: Marcelo Gallo