17.02.12| 19:02 En la Argentina, los carnavales se celebran en distintas provincias desde hace muchísimos años. Pero es en Corrientes, Entre Ríos y el noroeste argentino donde cobran mayor relevancia estos festejos populares. Buenos Aires tiene su propio estilo.
Corrientes
La ciudad de Corrientes es la Capital Nacional del Carnaval. Disfraces, desfiles en el Corsódromo y fiestas en las calles dan vida a lo que se considera uno de los mejores carnavales del mundo, junto al de Río de Janeiro, Niza, Venecia y Nueva Orleans. Aunque cada uno es bien distinto.
Los festejos se desarrollan además en ciudades como Santo Tomé,Mercedes, Paso de los Libres y Monte Caseros. Las comparsas de Corrientes (las más antiguas del país) son Carumbé, de 1948, Zum-Zum,de 1955, Catamarca, comparsa de barrio, y Tradición, la más reciente, de 2004. Paso de los Libres tiene como madrina a la hermosa modelo Ingrid Grudke -oriunda de la zona noreste del país- junto a otras celebridades.
La tradición del carnaval correntina se remonta al siglo XIX, antes de la Guerra de la Triple Alianza. Corrientes homenajeaba a San Baltazar con música y baile. A partir de 1960 se comenzó a celebrar a gran escala. La influencia brasileña se nota en los trajes, llenos de lentejuelas y brillos, como así también en la organización de los desfiles.
Entre Ríos
Desde Corrientes, el carnaval se trasladó a Entre Ríos. Concordia, Gualeguay y Concepción del Uruguay son las ciudades donde se celebra. Pero es Gualeguaychú la ciudad que más brilla, donde se construyó el corsódromo, con capacidad para 35 mil espectadores sentados. Las principales comparsas de Gualeguaychú son Papelitos, O’Bahía, Marí Marí, Kamarr y Ara Yeví, todas con más de 20 años de antigüedad. Cada una tiene 250 integrantes como máximo. Las comparsas compiten entre sí para ser elegidas ganadoras por el jurado. Se evalúan las carrozas, el vestuario, la música y el baile.
Jujuy
En el noroeste argentino, los carnavales son marcadamente diferentes a los del resto del país. La Quebrada de Humahuaca es el punto neurálgico del carnaval jujeño. Tiene una gran influencia de los carnavales bolivianos, por su cercanía con el país andino. Los hitos más importantes dentro de las ceremonias son el desentierro y el entierro del diablo, representado por un muñeco que simboliza la liberación de los deseos reprimidos. Es una especie de dios de la lujuria. El Diablo Carnavalero, según la creencia, es quien fecunda a la Pacha Mama, dando origen a las semillas, raíces y troncos de la región. Cuando termina la celebración, todos se tiran agua, harina, talco y serpentinas.
Buenos Aires
El carnaval comenzó a celebrarse a partir del 1600, como resultado del legado español y el candombe de los esclavos negros. En la época de Rosas, se recuerda una celebración del 25 de mayo de 1836 en la Plaza de la Victoria, con la participación de 6000 negros en una reunión de colorido y gran entusiasmo. En 1858 aparece la primera comparsa y en 1869 se realiza el primer corso, con la participación de máscaras y comparsas. Al año siguiente se incorporan carruajes. A partir de 1915, comienzan a surgir las murgas, con características más grotescas y pintorescas.
Actualmente, se celebran los carnavales, con corsos itinerantes todos los fines de semana del mes de febrero. La gente juega, se tira agua y espuma. Lincoln, en la provincia de Buenos Aires, es también la capital nacional del carnaval artesanal, reconocido tanto a nivel provincial como nacional.
Sin dudas, los carnavales forman parte de una tradición histórica en el país, donde confluye la unidad popular, de los barrios y los argentinos.