País equilibrado o bastiones proselitistas

Las disputas entre Nación y provincias y provincias entre sí por la distribución de fondos federales es un lugar ..

OPINION | 


Las disputas entre Nación y provincias y provincias entre sí por la distribución de fondos federales es un lugar común en la política argentina. 

Si bien los recursos que se reparten a través por ley, de la coparticipación federal de impuestos están regulados los que se destinan a la realización de obras públicas en todo el territorio nacional están sujetos en buena parte a los criterios discrecionales del Gobierno nacional.
Y, en ese contexto, todos los gobiernos han privilegiado a algunas jurisdicciones sobre otras, generalmente en función de conveniencias políticas: los aliados del gobierno reciben más obras, y los adversarios menos.

El gobierno que asumió en diciembre de 2015 prioriza claramente, en cuanto a obras, a la ciudad y la provincia de Buenos Aires, no solo porque son gestiones afines, sino también porque entre ambos distritos concentran más del tercio de la población –y los electores- de la Nación.
En el actual período, la provincia de Buenos Aires, con el respaldo nacional, reclama por la vía formal la actualización del Fondo del Conurbano Bonaerense, demanda que, de avalarse, le restaría al resto de las provincias algo así como 48.000 millones de pesos anuales. En el caso de Catamarca, perdería más de 1.800 millones.

Pero más allá de la lógica política de la disputa, deben analizarse los problemas demográficos que ocasiona la concentración de recursos en algunas pequeñas porciones de territorio en desmedro de grandes extensiones.

Durante décadas millones de habitantes de ciudades y pequeñas localidades del interior migraron hacia el conurbano bonaerense en procura de un mejor futuro económico.  Si bien es cierto que vastos sectores de las ciudades que rodean a la Capital Federal de la Argentina se encuentran en una situación de grave vulnerabilidad y necesitan ser asistidos, cabe preguntarse si seguir invirtiendo en infraestructura en ese territorio es conveniente, porque favorece la concentración demográfica y genera condiciones para la reproducción de la pobreza y la indigencia.
Es menester, por el contrario, encarar políticas tendientes a la descentralización de la infraestructura y los recursos para potenciar el crecimiento y desarrollo ecuánime de todas las regiones de la Argentina.

De continuar la actual tendencia de orientación de los fondos federales, se acentuará la fisonomía de un país macrocefálico, inequitativo y desequilibrado.

En nuestra provincia sucede un proceso similar, aunque no tan marcado. Mientras el Valle Central concentra recursos e infraestructura, el resto de la provincia carece, en muchas localidades y parajes, de la infraestructura básica.

No es casual, en consecuencia, que haya pueblos que están en proceso de desaparición, y al mismo tiempo asentamientos que crecen permanentemente en la periferia de San Fernando del Valle de Catamarca.

Las medidas de descentralización y fomento de las economías de las regiones más deprimidas del país y la provincia deberían convertirse en política de Estado, si de verdad lo que importa es el desarrollo equilibrado y no la conformación de bastiones proselitistas.

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