Lecturas presupuestarias

Los datos sobre la inversión en obras públicas que el Gobierno nacional propone en el Presupuesto 2018 alumbraron,..

OPINION | 


Los datos sobre la inversión en obras públicas que el Gobierno nacional propone en el Presupuesto 2018 alumbraron, para el caso de Catamarca, lecturas contrapuestas. Una señala lo rezagada que queda la provincia en el reparto general de los recursos, de los que le corresponderían, de sancionar el Congreso el Presupuesto tal como lo giró el Poder Ejecutivo, solo el 0,62% del total. Tal porcentaje ubica a Catamarca en el vigesimoprimer lugar en cuanto a la cantidad de dinero que se destinaría a cada distrito argentino. Recibirían menos Santa Cruz, La Rioja y Tierra del Fuego; a la cabeza estarían provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Otra perspectiva considera, por el contrario, que Catamarca sería una de las provincias más beneficiadas por los criterios de la Casa Rosada, porque ligaría $44.436 por habitante, cifra con la que ya trepa al noveno lugar en el ranking nacional. Aunque puedan esgrimirse argumentos atendibles en defensa del cálculo “per cápita”, debe considerarse la densidad demográfica y las condiciones económicas de cada provincia. Cantidad no es lo mismo que calidad.


En tal sentido, es indiscutible que el proyecto del Gobierno nacional concentra la mayor cantidad del gasto público de capital en las jurisdicciones con mayor cantidad de habitantes por kilómetro cuadrado y más prósperas. O lo que es lo mismo: aquellas en las que es posible obtener mayor impacto social con menos recursos económicos que son, además, las que precisan menos el auxilio nacional debido a las ventajas comparativas que tienen sobre el resto. Si la intención, como se dice, es promover la integración del país y compensar al interior –tal es lo que se sostuvo al lanzar el hasta ahora inexistente “Plan Belgrano” para el Norte Grande- ha de convenirse que no se refleja en el programa de inversiones para el año que viene. No se trata de desacreditar las necesidades sociales que puedan tener las comunidades de la Pampa Húmeda, sino de advertir que la producción y la generación de trabajo en esa región requiere esfuerzos presupuestarios menores que en las regiones más alejadas del puerto. En lo que concierne específicamente a Catamarca, es claro que, por muy novena que esté en cuanto a la cantidad de dinero que le toque por habitante, la poda respecto de años anteriores es muy significativa.

De todas maneras, no está todo dicho y no solo porque el Presupuesto todavía tenga que pasar por el Congreso. En el reparto, un 13,49% del gasto de capital es “nacional” y un 7,76% “no clasificado”, lo que implica que la ejecución de más de la quinta parte de lo presupuestado para obra pública en todo el país quedará a criterio del Gobierno nacional. Es más de lo previsionado para CABA (19,94%) y apenas un poco menos de lo que recibiría la provincia de Buenos Aires (21,98%). Este margen de discrecionalidad que tendrá la Casa Rosada marca el sentido político medular del Presupuesto. Se trata de un elemento de negociación de peso para condicionar a los gobernadores y los legisladores nacionales que controlen, de cuya cintura dependerá mejorar los ingresos para obras. A esta altura no vale la pena insistir sobre las distorsiones que esta mecánica supone para el sistema federal y la autonomía, cada vez más teórica, de las provincias. No es muy distinto a lo que ocurría durante el kirchnerismo. Es lo que hay y es necesario acomodarse.

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