Mal endémico

La imagen que nuestro país tiene en el exterior en materia de corrupción continúa siendo muy negativa. ...

OPINION | 

La imagen que nuestro país tiene en el exterior en materia de corrupción continúa siendo muy negativa. 
La corrupción es vista, y argumentos sobran para apuntalar esta presunción, como una costumbre perniciosa que trasciende los gobiernos, abarca a los tres poderes del Estado, e incluye a actores del poder económico y de la sociedad civil.

Un informe dado a conocer hace pocos días por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico sostiene que nuestro país no registró progresos significativos en la lucha contra la corrupción desde comienzos de siglo, razón por la cual será sometida a una nueva evaluación en 2016.

Las conclusiones fueron elaboradas por el Grupo de Trabajo sobre el Soborno y menciona, entre los déficit, que la Argentina sigue sin contar con una ley que penalice a las empresas por el cohecho internacional y que permita procesar a los ciudadanos que cometan este delito en el extranjero. También menciona demoras generalizadas en la Justicia que "siguen entorpeciendo las complejas investigaciones de delitos económicos”. 

El informe, asimismo, hace referencia como un tema de gran preocupación a "la injerencia del poder ejecutivo y los procesos disciplinarios contra los jueces y fiscales”, que "amenazan su independencia”. 

Por su parte, la ONG Transparency Internacional, que elabora el ranking de países en cuanto a la percepción de la corrupción, ubica a la Argentina en el puesto 107° sobre los 175 países evaluados, en una lista que tiene como las naciones más transparentes a Dinamarca y Finlandia.

Para Pablo Secchi, director ejecutivo de otra ONG, Poder Ciudadano, considera que el lugar de Argentina en el índice "refleja la total ausencia de esfuerzos en nuestro país en materia de lucha contra la corrupción. Los organismos de control fueron reducidos a su mínima expresión durante los últimos años, convirtiéndolos en actores intrascendentes". 

No todas las evaluaciones son negativas. El Grupo de Trabajo sobre Cohecho de la OCDE destaca como positivos el nuevo Código Procesal Penal, la cobertura de algunas de las muchas vacantes que existen en la Justicia, algunas reformas legislativas en la materia, la creación de organismos para la investigación de delitos económicos, las mejoras en la comunicación de transacciones sospechosas de blanqueo de capitales, el endurecimiento de las normas contables y de auditoría, entre otras.

No obstante, las excepciones confirman la regla. Y la corrupción sigue siendo uno de los problemas centrales de la actualidad argentina. 

En el país abundan las denuncias por casos de corrupción, solo un porcentaje bajo de ellas forman causas judiciales, un puñado llega a juicio y se cuentan con los dedos de la mano las condenas. 
La impunidad es, sin duda, factor determinante para la vigencia de la corrupción. Acabar con ella, o al menos morigerarla, sería un mensaje simbólico de gran valía para evitar que se siga multiplicando como un mal endémico.  
Si no hay un freno a la corrupción por razones de moralidad pública, al menos que lo haya por miedo a la cárcel.

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